Chispa de la LUZ DIVINA

Uno de los más terribles problemas que padecemos es que confundimos la máscara y la tomamos como rostro.
Lo que nos lleva a vivir una vida equivocada, sosteniendo en el tiempo a personajes ficticios que tienen la intención de parecer reales.
Al hacer esto, estamos actuando como si el mundo fuera un enorme escenario, con un elaborado escenario, guiones para memorizar y representar, un público al cual cautivar en busca del aplauso y el precio de la entrada, siguiendo los dictados escritos y dirigidos por otros.
Una existencia dedicada a la actuación, sin un verdadero contenido; porque, al apagarse las luces y retirarse el púbico, el actor no se quita la careta, sino que permanece en las sombras y la perplejidad de no saber qué hacer con la oscuridad que lo ahoga.
No toma contacto con la otra realidad, la que se encuentra fuera del papel representado.
Terrible angustia, espantoso vacío.

Nunca aprendimos, o nos olvidamos, o preferimos no saber que ninguna de nuestras caretas es realmente nuestra cara.
Entonces, nos quedamos atrapados por esta ilusión de ser quien estamos siendo, dejando en las sombras al ser que realmente somos.
El actor es devorado por el personaje.
El guion borra la toma de decisión.
El absurdo dramático reemplaza al sentido de la vida.

Así vamos desperdiciando nuestra existencia, en papeles de obritas teatrales.
Escondiéndonos detrás de personajes y caretas.
Malgastando la energía de vida, no sembrando verdadero placer para el gozo en la eternidad.

Porque, más allá de cualquier disfraz que usamos durante nuestra vida terrenal, eternamente somos una chispa de la Divinidad.
Un espíritu que clama silenciosamente para que tus acciones lo representen.
Porque esa es tu identidad, no las etiquetas que te colgaron ni los antifaces que te pusiste.

Lo que llamamos “nuestra personalidad” no es más que el Yo Vivido que es un licuado formado por recuerdos, deseos, expectativas, mandatos sociales, excusas, intenciones, máscaras, mentiras, engaños, medio verdades, acciones y los mil y un detalles con que estamos armados.
Por regla general cada Yo Vivido está ocultando esa esencia Divina (Yo Esencial, espíritu, NESHAMÁ), ofuscando nuestra plenitud.
Cuando lo ideal sería tomar conciencia, educarse, liberarse de las trampas del EGO y con ello conseguir que cada máscara sea un reflejo sincero de la cara.
Para que el Yo Vivido esté en sincronía con el Yo Esencial.

Recuerda, detrás de cada máscara se esconde esa chispa Divina que eres, esa NESHAMÁ.
Que tus pensamientos, palabras y actos sean un mecanismo para liberar esa LUZ y no un motivo para rodearla de oscuridad.

¿Te das cuenta del infinito valor de saberse una NESHAMÁ pasando una temporada de aprendizaje en este mundo?
¿Entiendes el poder de ser una chispa sagrada de la LUZ DIVINA?

Deja un comentario