Encontrar a Dios

Es famoso el pasaje de la Torá que indica “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, quizás de los más difundidos y conocidos.

Lo que no resulta tan habitual de encontrar es que se mencionen las palabras que finalizan la idea, pues todo el párrafo se lee: “Ama a tu prójimo como a ti mismo, Yo soy Hashem”.

Cuando contemplamos así el mandamiento (de Dios para los judíos, que es un buen consejo de Dios para los gentiles) llegamos a comprender las siguientes enseñanzas (entre otras):

  1. Dios no te está sugiriendo que ames al prójimo, te está ordenando que lo hagas. No le interesan tus excusas, ni que tampoco andes elaborando ideologías, sino que acates Su Voluntad. ¿Cómo vas a hacerlo? Eso es tu problema, no de Él. Cuando el Rey te da una orden lo que se espera que hagas es exactamente eso.

  2. Hay muchas formas de experimentar la Divina Presencia, comiendo kasher, usando tefilín, rezando, haciendo Teshuvá, respetando el Shabat, estudiando Torá y muchísimas otras acciones que están indicadas para vincularnos con Él. Pero no nos olvidemos que los mandamientos que nos vinculan con el prójimo también se originan en la misma Divina Voluntad. Por tanto, cuando cumplimos con Su Palabra amando al prójimo, en cualquiera de las maneras que eso se hace, lo que estamos consiguiendo no es solamente establecer y fortalecer el vínculo humano sino también con el Eterno. Esto es, cuando amas al prójimo como a ti mismo, estás descubriendo a Dios, poniéndoLo de manifiesto. Así pues, al amar al prójimo lo que revelas es a Dios en cada relación, e las cuestiones más habituales y corrientes de la vida cotidiana. ¿No es maravilloso?

Ahora que lo sabemos, podemos elaborar estrategias prácticas para llevarlo a cabo.

Si ya lo estamos haciendo, sigamos en ese camino.

La cuestión es encontrar a Dios a cada rato.

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