La actitud de vida

« רַבִּ֥ים מַכְאוֹבִ֗ים לָרָ֫שָׁ֥ע וְהַבּוֹטֵ֥חַ בַּֽיהוָ֑ה חֶ֝֗סֶד יְסֽוֹבְבֶֽנּוּ :
Muchos dolores tendrá el malvado; pero la bondad rodeará al que confía en el Eterno.»
(Tehilim/Salmos 32:10)

Una de las enseñanzas de este pasaje es la siguiente:

El malvado aquí no necesariamente significa el que hace mal, el pecador; sino que puede estar refiriendo también al que está sometido a la esclavitud del EGO, por tanto vive en impotencia (real o sentida).
En un estado de constante estrés, agotándose con miedos, angustiándose por el futuro, culpándose por el pasado, provocando altercados con su entorno.
Se le añaden pesares, porque no resuelve de manera saludable los conflictos previos.
Además, de un vaso de lluvia hace un océano de tormentas; por lo que padece de afecciones sicosomáticas, de emociones desgastantes, de pensamientos negativos.
El mal le aqueja, y si no es así, directa o indirectamente se encarga de generarse sus dramas.

En cambio, aquel que es consciente de ser NESHAMÁ (chispa Divina) y por tanto dirige su conducta por medio del código de ética/espiritual, evita situaciones desagradables y construye SHALOM en su interior y en su entorno.
Ciertamente habrá momentos de perturbación, porque no conseguirá vivir en plenitud mágicamente, Dios no es su esclavo para resolverle los problemas y satisfacerle sus caprichos. Pero sabrá encontrar el sentido de todo, o casi, pudiendo tomar los momentos amargos de una manera espiritual.
Sabe que hay un Juez, sabe que el mal que el hombre provoca no queda sin ser equilibrado tarde o temprano.
Tiene plena confianza en Dios y aunque en este mundo de limitaciones le toque sufrir, su EMUNÁ le permite encontrar paz, aunque tal vez no respuestas.

Entonces, el leal del Eterno estará rodeado de bondad, incluso en la cueva de los leones hambrientos; también en la hora de su agonía y muerte.

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