Vencer la sombra de muerte

Este es un estudio en mérito a la elevación espiritual de mi querido hermano Efraim Z”L, quien vence a la muerte aunque ya no ande por este mundo.
Su luz no es manchada por la sombra de muerte.

Los humanos hicieron lo que no había que hacer, comieron del árbol que no estaba permitido; como consecuencia directa la muerte sería una sombra permanente en sus vidas.
Para bien o para mal, la muerte tendría desde entonces un rol protagónico.
Ella no fue inventada en ese momento, pero apareció y se fortaleció su terrible y siniestra presencia permanente.
Ella y sus asociados y símbolos, tales como enfermedad, incapacidad, miseria, hambre, guerra, disputas, y todo lo que sea impotencia (no poder).

Hasta ese momento, no era así.
No era la impotencia la que marcaba sus momentos, sino su conexión con la eternidad.
No estaban en lucha contra el EGO, porque al no sufrir por sus limitaciones entonces el EGO no estaba en control de sus conductas.
Era una vivencia desnuda y sin vergüenzas, de disfrutar de los placeres permitidos, de estar en armonía interna y externa, de no perturbarse por dudas irreales hacia el futuro ni recriminaciones que nada aportaban por el pasado.

Pero todo esto dejó de ser para transformarse en lo que conocemos y experimentamos nosotros: el sentirnos impotentes y por tanto desesperarnos por controlar lo incontrolable, agobiarnos con angustias y ansiedades,  estar aprisionados por celditas mentales, temblar de miedo, envidiar y codiciar, entre tantas otras manifestaciones del EGO.

Pero además:

«A la mujer dijo: –Muchísimo sufrirás cuando estés embarazada; con sufrimiento parirás hijos.
A tu hombre será tu deseo y por esto él te dominará.
Y al hombre dijo: –Porque obedeciste la voz de tu mujer y comiste del árbol del que te mandé diciendo: ‘No comas de él’, sea maldito el suelo por tu causa. Con sufrimiento comerás de él todos los días de tu vida; espinos y cardos te brotará, y comerás plantas del campo.
Con el sudor de tu frente comerás tu comida, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque polvo eres y al polvo volverás.»
(Bereshit/Génesis 3:16-19)

Vamos a comprender este párrafo de una manera un poco más profunda que la literal y la habitual.
La madre sufriría por tener hijos, pero no un dolor físico; no algo que se puede evitar con la inyección epidural por ejemplo.
Sino que sería el terrible dolor de saber que ese precioso hijo que se estaba trayendo al mundo, también se estaba trayendo a la muerte.
Que la criaturita amorosa moriría, quizás tras 120 años de plenitud, pero finalmente la muerte se lo llevaría.
Y junto con él, sus recuerdos, sus acciones, todo se iría y finalmente sería nada.
¡Cuánto sufrimiento para la madre que toma conciencia de esto!
Y que el hijo tendría todo tipo de inconvenientes que ni todo el amor de la madre podría evitar o resolver.
Y que el hijo quedaría huérfano, o peor aún los padres lo sobrevivirían.
O que el hijo se marcharía del hogar y tal vez no mantendría un contacto fluido, o que no se sabría más nada de él.
O… ¡tanta angustia! ¡Tanta duda! ¡Tanta impotencia!
Esa impotencia, esa sombra de la muerte, es la que tiñe hasta el sagrado momento de traer una nueva vida pura a este mundo.

Pero también, la presencia de la parca a causa de los Sistema de Creencia que pondrían a la mujer en un rol secundario ante el hombre.
Ya que el hombre, como regla general, tiene más fuerza física y debido a su condición espiritual un peldaño inferior a la mujer, procuraría dominarla y someterla.
Como suele ocurrir, el más débil encuentra la manera de prevalecer sobre el más fuerte. En este caso el hombre sobre la mujer.
Cuando en verdad debieran ser socios, cada uno aportando lo que le corresponde en una construcción de SHALOM compartida.
Pero sabemos que no fue, ni tampoco es ahora, así.
El hombre domina, para no ser dominado por la mujer que se encuentra un poco más arriba en la escala de espiritualidad.
Ésta es otra  amarga impotencia, otra consecuencia de haber quebrado la armonía inicial permitiendo que la muerte sea la protagonista principal en nuestra existencia.

En cuanto al hombre, con su voluntad de conquistar, de expandirse, de dominar, de poseer, de dar (no solamente positivamente) en esto está la presencia de la muerte.
Porque, con su actividad expansiva pretende controlar lo que no se puede controlar.
Lucha contra la impotencia de la manera que no es efectiva.
Se cansa persiguiendo metas para tapar su vacío existencial, pero el vacío no se llena.
Acumula trofeos, se llena de títulos, trata de sobresalir, compite para no ser un fracasado; pero finalmente vuelve al polvo una y otra vez.
Porque la impotencia no puede ser vencida, ya que la muerte es la que tarde o temprano gana.
Entonces, todo lo que se fatigue en labores materiales, podrá traerle riquezas y un buen pasar, pero jamás apagar la angustia y la desesperación.

Y lo que dijimos de los sentimientos y conductas de la madre, también aplica al padre.
Lo que dijimos de sentimientos y conductas del hombre, también aplica a la mujer.

Comimos del árbol que no estaba permitido, con ello introdujimos la tragedia de sufrir por la impotencia y que sea el EGO el que nos mande.
Pero no olvidemos que tenemos el árbol de las vidas en el huerto.
Ese árbol ha sido identificado por los Sabios como la Torá y los preceptos.
Es decir, los Siete Mandamientos para las Naciones, que cada gentil debe conocer y cumplir; y los 613 mandamientos que Dios ha decretado para el pueblo judío.
Con ello podemos quebrar el yugo de la muerte, porque aunque el cuerpo vuelva a la tierra a su debido momento; la NESHAMÁ (espíritu) prevalece y vive.
Y antes de morir, si vivimos orientados por la NESHAMÁ, con el código ético/espiritual, el látigo de la impotencia se minimiza y se borra el terror de la muerte.

Tenemos mucho por aprender y por des-aprender, aprovechemos esta ocasión.
Cada instante de vida puede ser de verdadera vida y bendición, o lo contrario… ¡depende solamente de nosotros!

2 thoughts on “Vencer la sombra de muerte”

  1. Gracias estimado Yehuda Ribco por su profunda reflexión acerca de un tema tan crucial. Enriquecen y ayudan a la elevación del alma, además de constituir un gran desafío, el que enfrentamos cada día al tener que elegir entre la vida y la muerte. Que el ETERNO le fortalezca.

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