Un consejo para quien me lo pida

Enseñan los Sabios que no hay que juzgar al amigo hasta que no estemos en sus exactas mismas condiciones.
Como es evidente, jamás esa condición podrá darse, puesto que no hay un ser humano que sea idéntico al otro en ninguno de los cinco planos de existencia (físico, emocional, social, mental y espiritual).
¡Ni siquiera se logra entre gemelos!

Por tanto, es necesario evitar el juzgar al prójimo.
No obstante, es la propia Torá la que nos impone que SÍ juzguemos sus acciones, cuando eso sea necesario y siguiendo los adecuados procedimientos para realizarlo.
Porque, la justicia NO depende de Dios, sino de los hombres.
Eso es lo que explícitamente demanda la Torá y debe ser comprendido y aplicado.
Por supuesto que existe la justicia Divina, por lo cual nadie escapa de rendir cuentas y de pagar por sus deudas o ser recompensado por sus méritos. Pero, esto no quita nuestra obligación de que la justicia terrenal sea aplicada y que sea posible que esto suceda.
No es casualidad, no debe ser tomado a la ligera, que uno de los Siete Mandamientos para las Naciones, que TODO gentil debe conocer y cumplir, sea el mandamiento de que haya cortes de justicia en cada sociedad.

Veamos ahora la breve pero profunda enseñanza del póster: “Si no te pidieron el consejo, ¡cállate la boca!”.
En principio parece que no está vinculado al tema de la justicia, ¿no?
Sin embargo, cuando nos detenemos un instante a profundizar descubrimos al menos un par de relaciones.

La primera: dar consejos es gratis, por eso se hace tan a menudo.
Por eso se abre la boca con tanta facilidad.
Por eso uno se dedica a conjeturar y pretender arreglar la vida del otro disparando un par de frases, copiando unas ideas tomadas de internet.
Pero, un consejo es una valoración, un juicio, una instrucción para enfrentar una situación.
Por lo cual, aunque hay consejos que son extremadamente inteligentes y valiosos, solamente deben ser dados cuando el destinatario los quiere y los pide.
Porque si no, estamos violando su privacidad, invadiendo su independencia, provocando que esté cercado por una impotencia que no era necesaria.
Es decir, estamos apresurando un juicio cuando no es lo apropiado.

La segunda: aquel que aconseja de forma entrometida suele ver al aconsejado desde arriba.
Como juzgándose superior en tanto el otro es menos capaz, inteligente, apto, consciente, espiritual, o lo que fuera.
El consejero sin permiso está incurriendo en un juicio desinformado, provocando con ello el malestar.

Por lo cual, cierra la boca y guárdate tu consejo para ti; a no ser que el aconsejado te pida tu opinión; la cual debería ser dada con amabilidad, respeto, mesura, comprensión, humildad.
Cosa que no suele ser muy frecuente en quien peca de aconsejar…

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