Comerciantes de la fe

Oportunistas nunca faltan.

Desde el serpiente del Edén hasta este mismo momento no falla, siempre aparece uno que se cree vivo y hablando de “dios”, y con palabras bellas o a veces rebuscadas; tienta a sus oyentes para conducirlos por caminos oscuros.

Está a la búsqueda de su beneficio, que puede ser tener poder sobre la gente, o dinero, o posesiones, o cualquier otra cosa, incluso hasta el extraño placer de rebelarse contra el Creador; pero nunca jamás estará para realmente beneficiar a sus víctimas ni tampoco él obtendrá el gozo que verdaderamente vale.

Sin dudas que tienen que ser ingeniosos para conseguir su ganancia; aunque por ahí su astucia sea solamente para el sucio negocio que manejan.

Como sea, se la rebuscarán para vender humo y obtener sus mal habidas ganancias.
Público no les falta, porque hay una muchedumbre ávida de magia, quieren magia, codician magia, se desviven por la magia; por tanto, cancelarán todo pensamiento racional, se negarán a reconocer las evidencias, se complotarán del lado de sus victimarios, siempre y cuando obtengan la sensación de ser merecedores de “la magia”.

Éste es uno de los pilares sobre los cuales se sostiene el multimillonario imperio de los comerciantes de la fe, piratas religiosos que en verdad venden humo; porque no hay nada valioso que entreguen a cambio de los numerosos ingresos y privilegios que reciben de sus víctimas.

Desde hace muchísimo tiempo, tienen un plan de ventas que podemos esquematizar de la siguiente manera:

  • hacen sentir culpa, una que es pesada, pegajosa, irrenunciable;
  • amenazan con castigos y terrores terribles, de los cuales es virtualmente imposible escapar;
  • prometen una solución mágica, que solamente ellos son capaces de canalizar para sus seguidores.

Los que caen en sus redes, quedan indefensos, desarmados, envueltos para ser devorados por estos depredadores sin compasión.
Pero, como mencionamos más arriba, por lo general son las víctimas también cómplices hasta cierto punto, porque se niegan a confrontar, renuncian a criticar, asumen las culpas con las que son acusados, se entregan a cambio de las promesas de salvación.
Son dóciles ovejas conducidas por lobos que van directo al matadero.
Y se enojan con quien se atreve a tratar de abrirles los ojos y las mentes.
Y defienden con rabia a sus pastores.
Y se esfuerzan por inventar excusas para continuar esclavizados.
Y se atragantan con sus fantasías, con tal de no asumir su responsabilidad y dedicarse a vivir en verdad.
Triste realidad para miles de millones de seres humanos, los que sustentan a los mercaderes de la fe.

Entendamos algo básico.
Culpa y sentimiento de culpa no son equivalentes.
De hecho, no tienen nada que ver.

La culpa se siente cuando uno ha actuado de tal manera que resultó en un daño y entonces, con mayor o menor conciencia del hecho, uno sabe que tiene responsabilidad. Uno siente que es causante de haber quebrado una armonía y se dispara esa alarma que es la culpa para obligarnos a enmendar lo dañado.
Tenemos que hacernos cargo de lo que hicimos mal, para eso Dios creó está notable alarma que es la culpa.
Es bueno que exista y mucho mejor que tengamos conciencia de lo que podemos y tenemos que hacer para solucionar lo dañado.
Entonces, la culpa se apaga, porque ya no hay motivo para que nos esté despertando la conciencia.
Ejemplo: rompí un jarrón del vecino.
Soy responsable, y la culpa estará ahí hasta que le diga al vecino, me disculpe, pague por el objeto, etc.

En cambio, el sentimiento de culpa, es uno que surge cuando NO tenemos ninguna culpa.
Por lo general es un elemento ficticio creado por algún manipulador emocional para tener poder sobre nosotros.
Se nos hace sentir culpa por algo que no hemos hecho, por tanto de lo que nos somos responsable, por tanto que no tenemos deber ni modo de resolver.
Como estamos indefensos, perplejos, sin argumentos, el astuto manipulador emocional nos doblega para conseguir su ventaja.
Y nada de lo que hagamos puede exculparnos, porque NO HAY nada que disculpar. ¡No tenemos culpa alguna! Al menos de eso que nos está acusando el manipulador, nuestro victimario.
Por tanto, aunque nos deshagamos en pedidos de disculpa, aunque paguemos millones, aunque juremos que no lo volveremos a hacer: nada de esto soluciona el sentimiento de culpa, porque fue fabricado por la astucia del agresor, no por algo que hayamos hecho (o dejado de hacer).
Ejemplo: anoche pasé un rato por la casa del vecino. A la mañana siguiente él me dice que ayer moví una alfombra lo que causó que se le rompiera el jarrón. Ahora me exige que le pague por él y me disculpe y sea más cuidadoso cuando esté en su casa. Me grita diciendo que no es la primera vez que estuve tan bruto con sus cosas, que soy una bestia, que mejor me alegro de sus cosas.
Lo cierto es que ni siquiera me acerque al cuarto donde está el dichoso jarrón, pero quizás sí moví la alfombra con mi pie. Creo que no fui yo, pero el tipo está tan convencido que debe de ser cierto. Además, sí, es sabido que soy torpe y ando medio desmemoriado. Tal vez, puede ser que sí, que sea yo el que rompió el jarrón.
Aunque en verdad, yo no tengo la culpa, no rompí nada, ni siquiera soy causante indirecto de nada. Pero, fue tan hábil el vecino, tan perverso en su manipulación, tan debilitada mi posición ante él, que finalmente quedé entregado a su deseo.

Como el vecino manipulador funcionan las religiones.
Siguiendo el esquema planteado más arriba:

  • te generan sentimiento de culpa por cuestiones que no tienes nada que ver; por ejemplo eres pecador por el mero hecho de haber nacido; eres pecador si no tienes fe; eres pecador si dudas; eres pecador si piensas diferente a lo que te plantea el líder religioso; eres pecador si tienes apetencias absolutamente normales y saludables; eres pecador por las dudas. En verdad, a ojos del Creador NO existe tal pecado, eres tan puro y cristalino como el primer día; pero dentro de la maquinaria mortal de la religión te conviertes en un robot que debe andar por la programación de tus pastores. Repites los lemas. Afirmas los dogmas. Resistes el pensamiento fuera del Sistema de Creencias. Inventas fantasías que expliquen los baches, contradicciones y evidentes maldades. Eres parte activa, queriendo o no, del sistema nefasto que te esclaviza.
  • a causa de tu evidente maldad y de que ninguna obra o arrepentimiento pueden lavar las espantosas manchas generadas por tu pecado (inexistente pero real en el plan maligno de la religión), estás condenado a todo tipo de castigos y represalias. Te imponen un dios sádico, sanguinario, que ama el sufrimiento de los pecadores, que no acepta arrepentimiento, que no se complace con la conducta ética; sino que quiere sangre, baños en ríos de fuego, sufrimiento eterno por pecados pasajeros (que, nunca existieron sino que los fabricaron para hacerte sentir culpable). Estás condenado, eres no salvo, y los no salvos sufren el infierno, la condenación por los siglos de los siglos.
    No hay alternativa, no hay otra solución, delante de ti solamente hay tortura infinita, asegurada y confirmada.
  • pero, el mercader de la fe tiene un regalo (a un costo carísimo) que ofrecerte, tu salvación a cambio de que entregues tu alma, tu dinero, tus posesiones, toda tu vida a los líderes religiosos. Es la única solución, la única. Porque un enviado sobrenatural murió por ti, o porque en algún misterioso libro eso se afirma, o porque así es como lo plantea el pastor.
    Entonces, tienes promesa de Salvación, hay redención para tus pecados, pero a cambio de esclavizarte al mercader de la fe.

Por mecanismos sicológicos que no vienen al caso explicar ahora, la víctima se confabula para defender al agresor, sostiene el circo y mercado de la fe. Se desespera para que sea verdad la mentira. Se enoja si alguien se atreve a señalar el error y la estafa. Es el primero a la hora de disculpar cualquier torpeza del pastor, porque es a través de él que ocurrirá la magia tan esperada.

Así está la persona, sometida a los mercaderes de la fe, perdiendo la espiritualidad, negándose a disfrutar de la bendición con la que el Eterno le alumbra cada día.

Dando la espalda al Padre Celestial para abrazarse a dioses que no son dios, a religiones que no son conexión espiritual.
Mientras las iglesias, y otras manifestaciones religiosas y mágicas se llenan de oro y poderes terrenales.

Por supuesto que ninguna de estas cuestiones siguen la Divina Voluntad.

Él inventó la culpa para que nos avisará que tenemos que hacernos responsables por nuestra conducta.
Pero Él detesta el sentimiento de culpa usado por los manipuladores emocionales.

Él inventó la TESHUVÁ (que es entre otras cosas proceso de retorno a la senda del bien, arrepentimiento) para enmendar y corregir lo que fue dañado por nuestra conducta.
Pero Él detesta las promesas de salvaciones mágicas de las religiones.

Él inventó la conexión directa del humano con Él.
Pero detesta a los mitológicos mediadores, que son irreverencia idolátrica en lugar de abrazo con el infinito.

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