Rompiendo muros mentales

Los muros mentales están formados por el Sistema de Creencias.

Las creencias son pre-pensamientos, fragmentos de información que en principio nos han introducido nuestros mayores que nos criaron, más tarde también son las que hemos ido conformando nosotros.

A través de nuestros criadores, así como de las piezas que recibimos para armar nuestras creencias, opera la Sociedad que nos impone sus valores, conceptos, cultura, formas de actuar, normas de conductas, moralidad, ideología, idiosincrasia, etc.

Así pues, en ese mundo de las creencias nos encontramos con un sinnúmero de mandatos, obligaciones, deseos, miedos, prejuicios.
Entre ellas se van anudando, enredado, categorizando, regulando hasta formar el Sistema de Creencias, que desde las sombras del pre-pensamiento tienen un poderoso gobierno sobre nuestra conducta e ideas.

Los muros mentales son barreras imaginarias, que no tienen porqué tener un correlato con el mundo concreto.
Su realidad es subjetiva, es real en tanto uno lo crea así. No necesita cotejarse con otras subjetividades ni ampararse en datos objetivos.
Es decir, porque uno lo cree, es verdad para quien lo cree.

No suelen ser cuestionadas ni criticadas, no pasan por análisis ni se aventura a modificarlas.
Las creencias son y operan, tengamos conciencia de esto o no.

Tienen un gran poder en nuestras vidas, deciden por nosotros aunque tengamos la creencia de que estamos decidiendo racionalmente.
Su poder es mayor porque pasan invisibles, ignoradas, digitando las excusas que nos inventamos para permanecer encerrados en las celditas mentales.

Pero cuando nos damos de frente con el muro mental, cuando el golpe nos hace dar cuenta de que algo hay ahí, ¿qué ocurre?

Un camino típico es el de encerrarse en “tu verdad”, fanatizarte, enceguecerte, gritar con fuerza los lemas que te crees. No propones alternativas, ni siquiera te das la chance para hacerlo.
Solamente existe esa verdad que tu crees, a la que encadenas, a la que atesoras como si fuera un verdadero tesoro de riquezas y bienestar (y no lo es).

Cuanto más te golpeas con el muro, más acérrima es tu defensa de lo indefendible.
Te enojas con quien te puede hacer dar cuenta de tu error, te escapas de la confrontación que te manifiesta la debilidad de tu creencia.
Te haces paladín de tu ideología, misionerizas, evangelizas, predicas, engañas, presionas, amenazas, agredes, repites como un mantra sagrado tu creencia haciendo con cada repetición un surco más profundo en las raíces de tu mente, tratas de vender tu patraña a quien esté a tu alcance; lo que sea que fuera necesario para no dar un paso por fuera de esa celdita mental, para no hacer un pequeño boquete hacia un pensamiento diferente y quizás más liberador.

Otro camino triste y muy frecuentado es encontrar un gurú a quien seguir.
Un pastor que lidere tu vida.
Alguien que te haga sentir miserable, basura, nada, pero que al mismo tiempo te ofrezca salvación, purificación, poder; siempre y cuando le vendas tu alma a él y seas su fiel perrito esclavo.
Dejas de pensar, lo que poco que podrías haber pensado antes, para convertirte en el retrete de las creencias de tu caudillo. Te sientes agradecido a la vida por tener este don tan maravilloso de tu guía religioso/político/existencial; ya que no precisas sufrir más en soledad, no te tienes que esconder de tus demonios, ahora estás bajo el ala protectora de este mercader de la fe.
Alzas su libro, proclamas sus lemas, difundes su mensaje, es tu salvador, aquel que te ha rescatado de la nada que tortura infinitamente.
Te paseas por delirantes jardines de fe, creyendo que por fin alguien te ama y por eso tu vida tiene valor.
Te enojas si te quieren hacer ver la otra imagen, la que está menos distorsionada por tu debilidad emocional.
Corres a esconderte, pero siempre atado a tu amo, al que sigues engordando con tu dinero y tu servicio.
El pastor te hace sentir como en casa, aunque sigas dentro de los muros mentales y hasta quizás tu espacio vital se haya reducido bajo su mandato satánico.
El maestro religioso/político/existencial te dice que no hay muros mentales, que tu pensamiento controla las decisiones del universo. Te hace creer que la magia de tu creencia es la clave para abrir todos los cofres de secretos tesoros. Te promete que eres más que vencedor, simplemente porque entregaste tu fe a su mensaje.
Es tu manera de defenderte del golpe esclarecedor del muro mental.

Existe otro camino, menos transitado, que es adquirir verdadero conocimiento de un verdadero maestro.
Es tomar conciencia del golpe recibido al chocar con el muro mental y por ello reevaluar tu conocimiento, tu creencia, tu experiencia.
Aprender que el muro está para ser atravesado y con ello subir en la escala de comprensión espiritual.
Con el maestro que te muestra y no te amaestra, estarás fortaleciéndote cada día, ejercitándote, rompiendo los viejos hábitos oscuros, saliendo de la celdita mental, formando nuevos hábitos realmente saludables.
El maestro no es tu amo, es tu compañero esclarecido en la senda que ambos transitan juntos.
No hay amenazas, ni humillación, ni castigos, ni violencia, ni promesas banales, ni tontería mágica, ni obligación de repetir dogmas huecos, ni encerrarte en jardines de muerte que te hacen creer que son girones del paraíso.
Podrás enfrentarte a tus sombras y hacer luz sobre ellas, porque es con luz que se disipan, no con fe, ni golpes, ni palabrería, ni manipulación emocional.
Con el maestro sabrás cuando ha llegado la hora de andar por tu cuenta, valorar tu pensamiento, desechar las creencias.
Habrá conexión y por fin Dios será una Presencia, no solamente un brujo a tu servicio.

Y también puedes confiar en que los golpes en los muros mentales son parte normal de la vida y la oportunidad de crecer, sin darle tanta vuelta ni fabricar excusas.

Creo que es hora de iniciar un proceso de Coaching Espiritual…

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