Para responder a tu pregunta

Es un error muy frecuente entre los estudiantes responder a las preguntas según lo que ellos hubieran querido que la pregunta fuera.
Entonces, no es extraño que si se les consulta por un “para qué”, la respuesta desarrolla un “porqué”.

Muchas veces es a causa de una dificultad para procesar la solicitud, como un choque cultural que da como resultado la respuesta que se brinda.

A veces es sencillamente que el estudiante no cumplió su rol de estudiar, o por ahí justo justo justo ese temita quedó de lado, o por desgracia es el que se vino a olvidar ahorita.
Entonces, para zafar del inquisidor ojo recurre al engaño, consciente o no, produciendo una sinfonía inesperada, inadmisible, conjeturando con la piedad y no el regaño.

En ocasiones se extienden más allá de lo específicamente solicitado, porque su inseguridad les indica que cuanto más pueblen la hoja mejor serán calificados por el docente.
Pero en realidad, si el profesor está siendo coherente, no admitirá la profusión innecesaria, distractora y que no respeta el planteo realizado.

Una variante de esto es aquel que, también por una autoestima no centrada, quieren lucir sus conocimientos, desplegando ríos de letras muy conceptuales pero absolutamente fuera de contexto y foco.
En lo personal no considero que esto sume al alumno, por más gala de sabiduría que desparrame a su antojo.
Porque recordemos que no solo se aprende contenidos, sino también procedimientos y actitudes; y con la precisión y respeto de la pregunta se está demostrando precisión y respeto por la asignatura además de hacia el docente (y uno mismo).

En otras oportunidades es el nerviosísimo del momento, que con la falta del hábito, la poca constancia para ejercitarse en responder entonces uno hace lo que le sale, y no suele ser lo más eficiente y efectivo.
Es, en cierta forma, una falta de conocimiento también.

Están también los que se consideran en facultad para decidir cuál debiera ser la pregunta, porque obviamente están por encima de aquel que les está preguntando. Saben más, dominan más, controlan más, pueden más y como consecuencia quieren que se les pregunte lo que no se les ha preguntado, y por eso responden lo que nadie les preguntó.

Por ahí están a los que no les gustó la respuesta y/o la pregunta.
Les resulta desagradable, vaya uno a saber el motivo o la causa.
Entonces, la evitan ficcionando otra pregunta para responder algo que acomode a sus gustos personales.
Es tan de estos tiempos el pretender que la realidad amolde a la fantasía personal…

Y por supuesto, la gran causante de tanto drama: el no saber escuchar ni tampoco escucharse.
Cada uno monologando con sus fantasmas, apretado entre el muro mental y las fieras de sus miedos.
Escondiéndonos, luchando, evitando, enojándonos, no comunicando, negando… lo que sea en lugar de pararnos sobre la realidad y hacer lo que está a nuestro alcance para crecer.
No comunicamos, no enseñamos a comunicar, desconocemos y/o rechazamos la Comunicación Auténtica.
Entonces, uno no dialoga, no responde, no conversa… expele aire a veces modulado en monólogos compartidos.

Ahora, todo esto puedes trasladarlo a cualquier situación de la vida, no solamente en la relación de aprendizaje formal.
Nos pasa a los profesores, a los psicólogos, periodistas, padres, madres, cirujanos, astronautas, camareros, mozos, empresarios, presidentes, desempleados, abuelos, tías… no hay quien quede por fuera.

¿Entiendes el alcance de esta enseñanza que te regalo hoy?

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