El paraíso de Sodoma

En la Tradición sagrada no se considera la “sodomía” (homosexualismo) el motivo espiritual que provocó la destrucción de Sodoma, Gomorra y sus aledaños.
Es cierto que algunos de sus habitantes practicaban el sexo entre los del mismo género, siendo homo o bisexuales, pero no fue esto el causante del desastre; sino tan solo una parte más del sistema perverso que estaba corrompiendo a aquella sociedad.
Porque, lo que los habitantes estaban haciendo mal, muy mal; pero con muy buenas excusas, que como excusas eran buenas pero confrontadas con la realidad eran una reverenda porquería.

¿Y qué era lo que estaban haciendo mal entonces?

Siendo simples: viviendo encerrados en su ideología “progresista”, que de progreso no tenía nada (como suele suceder con quienes usan para sí ese mote).
En su ideología ellos interpretaban que ya habían alcanzado a vivir en el paraíso terrenal, puesto que su región era sumamente fértil, abundante en riquezas, desprovista de enfermedades, protegida de las ruinas sociales del mundo de fuera de sus muros.

Entonces, estaban fanatizados en proteger el paraíso, por lo que vivían religiosamente para que no ocurriera nuevamente el desastre como con el paraíso original, la generación del Diluvio o los de la Torre de Babel.
En esta religión, carente de espiritualidad como cualquier otra, el egoísmo se puso de manifiesto como pilar fundamental. Ellos no tenían vergüenza de reconocer que el EGO estaba al mando, a diferencia del resto de las religiones que se presentan como sagradas y están llenas de oscuridad.

Su misión era la de preservar ese nuevo paraíso terrenal, cuidar de Utopía para que si el mundo explotaba, al menos ellos estarían protegidos y disfrutando de los bienes materiales.
Por esto es que se dedicaban al intercambio homosexual, porque si bien pudieran desear mujeres, erotizarse con el contacto femenino, preferían cuidar su simiente para no traer descendientes al mundo; para que los hijos no contaminaran la pureza social del paraíso egoísta.

Además, al fornicar el varón con el varón, estaban admitiendo con franqueza que los impulsaba su narcisismo, su búsqueda hedonista de ellos mismos para ellos mismos.
No querían al otro, ni al extranjero (si no era como ellos), ni al pobre, ni al diferente, ni a la mujer.
Eran el paradigma del progresismo, con todas las supuestas ventajas sociales, igualdad, opulencia bien distribuida; pero podrida en su raíz, manteniendo privilegios injustos, llenos de corrupción, hostigando al que se les oponía, defendiendo derechos “humanos” según su conveniencia… todo dentro de la moralidad (que es un producto de cada sociedad).
Luchaban por la cacareada equidad, pero destruyendo al que osara salir de la celdita mental del conformismo progresista…

Así estaban los habitantes de aquel antiguo nuevo paraíso, llenos de plata, de alimentos, de placeres, pero ofuscados con el otro.
Girando alrededor de sus egos, sometidos por el EGO.

Así que no, el homosexualismo no era su pecado.
No fue eso lo que produjo la destrucción, ni se puede equipar al varón que siente atracción sexual por otro varón con los sodomitas. Aunque las iglesias lo digan y los ovejas lo repitan.

El problema básico de los sodomitas era adorar al EGO y construir una sociedad abiertamente a su servicio.

La pregunta que dejo pendiente ahora es: ¿qué tan lejanos estamos en este siglo XXI cambalache de convertirnos en el nuevo paraíso según el modelo de Sodoma?

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