El veneno en la boca

Uno está aburrido y no tiene voluntad para llenar su tiempo con contenido saludable.
Entonces para entre-tenerse se pone a conversar (chatear o como sea que se contacte) de la nada misma con algún amigo.

Pueden hablar de alguna serie en Netflix, o de la película taquillera, o de una banda musical, de deportes, del clima loco, de alguna catástrofe en alguna región lejana… de la nada misma condimentada con aburrimiento.

Obviamente que desde el punto de vista de la Inteligencia Espiritual ese tiempo derrochado hubiera sido mejor haberlo invertido en cuestiones que generen beneficios reales en este mundo y en la eternidad.
Pero bueno, el rato de ocio, de divagar, de flotar sin esfuerzo, también es saludable… en su justa medida y proporción.

Pero, carentes del límite de la Inteligencia Espiritual, con la lengua ya desatada y la confianza afianzada, es más que probable que la temática comience a derivar en hablar de personas.
Entonces, habrá chismes, rumores, suposiciones, prejuicios, malicia, bobera, decir lo que debe quedar en secreto y vaya uno a saber cuánto más que es muy letal y perjudicial.

Quizás los efectos perversos no sean evidentes enseguida, tal vez sí.
Lo cierto es que la lengua es una flecha envenenada, pudiendo ser un árbol de vida.

Por tanto, es prudente y saludable cuidarse en las conversaciones para no transformar la charla insustancial en asesinato multinivel; porque se mata reputaciones, relaciones, puestos laborales, carreras, vidas, sanidad mental, equilibrio emocional, entre otras matanzas provocadas por el mal uso del habla.

Aprendamos y ejercitemos la Comunicación Auténtica.

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