El ejemplo de nuestro Padre

El Creador restringió Su incomprensible “ser” para dar paso a Su creación.
Ese fue un hecho de restricción, de justicia.
En justicia nació el universo.

Pero el Eterno dio, en un infinito dar, que se continúa y lo hará hasta el fin de los tiempos.
Este acto es de amor, infinito amor que exclusivamente el Creador es capaz de realizar.
En bondad existe el universo.

De parte del Eterno la restricción se mantiene en equilibrio con el amor, para que lo creado tenga existencia.

Él nos marcó también el plan universal para que estemos construyendo SHALOM en cada momento, en pensamiento, palabra y acción.
Tal como Él hace, es que debemos de hacer nosotros de acuerdo a nuestra capacidad.

Este principio fundamental es el que da nacimiento al código ético/espiritual, que está instalado naturalmente en la NESHAMÁ (espíritu, chispa divina) y que nos lleva a comportarnos en armonía con el Creador y Su creación.

El código se plasma en los Siete Mandamientos para las Naciones, es decir para cada una de las personas gentiles del mundo. En tanto que hay 613 mandamientos para los hijos e hijas de la Familia judía.

Si aprendemos a vivir en constante construcción de SHALOM, actuando como corresponder a hijos del Eterno que somos, entonces este mundo será parecido al Paraíso terrenal.

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