Otra excusa para ser esclavo

Está aquel famoso dicho: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”.
No sé si su usa en tu país o si alguna vez lo escuchaste.

Este consejo pretende cuidarte de tus elecciones, porque si ahora estás sufriendo, y por tanto estás con un mal conocido; mejor no te atrevas a cambiarlo, porque quizás la nueva situación sea aun peor.

Sería como escapar del sartén para caer en el fuego, o sea, empeorar pretendiendo encontrar un avance a tu estado.

Visto desde esta perspectiva, sin dudas chorrea inteligencia y buen tino.
Parece una buena idea de la sabiduría popular, ¿no es cierto?
Pero la verdad, cuando nos ponemos a analizarlo la respuesta es: ¡no es cierto!

Si viviéramos usando a esta frase como brújula, no existiría la oportunidad de salir de la zona mal llamada de confort, estaríamos encerrados detrás de muros construidos por miedos y prejuicios.
No nos animaríamos a abrir la puerta, que está sin llave, de nuestra celdita mental para adentrarnos en la aventura de lo ignorado y que pudiera ser bueno, igual o peor.

La astucia está en atreverse, precisamente porque no lo sabemos.
Sabemos que estamos mal aquí, dentro de la celdita mental.
O si no lo sabemos, al menos lo sentimos.
O si no lo sentimos, al menos lo intuimos.
Algo no está bien y por ello estamos amargados, estresados por demás, agotados, temerosos, enojados, rencorosos, malhablados, desgraciados, desagradecidos, infieles, religiosos, supersticiosos… en fin, todo lo que indica al ojo clínico la presencia del EGO como rey y señor.

Podemos quedarnos en la queja, o peor aún, en la negación del sufrimiento.
Podemos mentirnos al solitario y decir que estamos bien, o que es solo un mal pasajero. Que siempre que llovió paró. Que no hay mal que dure cien años. Y que más vale pájaro en mano que mil volando. Y, por supuesto que más vale malo conocido que bueno por conocer.

Podemos engañarnos, reprimir nuestro sentimiento, usar disfraces de payasos, pero el mal nos está pudriendo desde dentro.
Si no hacemos los cambios, si no tomamos las decisiones y las llevamos a la práctica y somos coherentes luego, entonces… ¿a qué estamos esperando para estar mejor?
¿A que un milagro nos rescate?
¿A que la magia exista?
¿A que venga un salvador y nos redima?

La Sabiduría Espiritual enseña que no debemos jamás depender de milagros.
Por tanto, está en nosotros atrevernos a salir de la zona de falsa comodidad.
Hacernos de coraje y dar el paso fuera de la celdita mental.

Por supuesto que es bueno ser racional y precavido.
Recabar información, analizarla, cotejarla, meditarla.
Pedir consejo y evaluar si es preferible hacer caso o no a él.
Estudiar, rezar, proyectar y planificar.
Pero sin dejar de dar el paso necesario para romper ese equilibrio enfermo que nos aprisiona.

Porque, a veces puede ser cierto que es mejor malo conocido; pero hay al menos 50% de chances de que sea mejor el bueno por conocer.

https://www.facebook.com/belev18/photos/a.1874026469328512/2153865648011258/?type=3&theater

Deja un comentario