Lo evidente

Cuando no se sabe la respuesta a la siguiente pregunta, y se usa el sentido común, suele darse una respuesta muy firme, proclamada con mucha fuerza, evidente por sí misma y que sin embargo es absolutamente errónea.

La pregunta es: si dejas caer al mismo tiempo, desde la misma altura, una bola de plomo y una bola de papel, ¿cuál llegará primero al piso?

La respuesta evidente, obvia, natural es: la bola de plomo.

Si consultas por el motivo, la respuesta será acompañada por un gesto de “eres tonto” y dirá: “porque es más pesada, ¡es de plomo!”.

Lo evidente queda demolido cuando se realiza la experimentación… ¿no?
Porque entonces la evidencia apuntará hacia otra respuesta, la que concuerda con los planteos científicos, la que comprueba que por alguna fuerza invisible ambos cuerpos caen a la misma velocidad y tocan tierra juntos.

Y sin embargo, aunque te parezca increíble, hay gente que sometida por su Sistema de Creencias justificará que no haya sido la de plomo la primera; inventarán teorías, propondrán excusas, fabricarán un mundo alternativo al de la Física, porque su Sistema de Creencias es más fuerte que la capacidad para pensar.

Este ejemplo es bastante ramplón, sencillo, pero efectivo.
Se puede visualizar patrones de conducta similares con cuestiones más o menos complejas, en donde el Sistema de Creencias es el amo que arma la comprensión de los sucesos.
Es decir, se mira de acuerdo a lo que se cree.
Podemos ver el mismo acontecimiento, pero la mirada pasa del mero hecho fisiológico y se convierte en una construcción mental.

Para resumirlo, estamos encerrados en celditas mentales.
Sus paredes se componen de creencias.
Se mantiene con energía que es robada a otros procesos, más creativos y saludables.
Nos impone una manera de comprensión.
Nos obliga a actuar de acuerdo a ciertos criterios automatizados, programados.
Nos marca la manera de entender, relacionarnos, actuar, sentir, “pensar”, amar, odiar, en resumen… ¡todo! E incluso tiene peso sobre las reacciones instintivas y naturales.

Pensar requiere destruir la creencia, quizás para volverla a armar y adherir a ella. O quizás para construir una nueva idea, usando o no sus partes destrozadas.

Pero no suele ser habitual el pensar, sino tan solo el reaccionar, el ejecutar el programa del Sistema de Creencias.

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