El espacio para estar bien

Para comenzar recordemos que cada humano es diferentes “almas”, en una rápida síntesis mencionamos unas pocas:

* NESHAMÁ: espíritu, esencia, chispa divina, lo más yo del ser y al mismo tiempo lo más lejano.

* RUAJ: ánimo, hálito, psique, mundo interior, aliento, alma sensitiva.

* NEFESH: alma, energía vital, energía, alma vegetativa.

No podemos ni debemos confundir una con otras, por más que a menudo sean confundidas.

Vamos a concentrarnos ahora un poquito en aprender algo muy importante del RUAJ y el NEFESH.

Nuestra energía es limitada, por tanto debemos ser cuidadosos en cómo la empleamos.
No malgastarla, no desperdiciarla, no dedicar demasiado de ella a cuestiones que no aprovechan. Si bien podemos recuperar energía, gracias a la nutrición por ejemplo, es necesario comprender que nunca la energía se pierde realmente. La energía se traspasa de un cuerpo a otro, o se transforma en otra forma, pero perderse nunca se pierde.

Aquella que dilapidada en cuestiones sin valor real, no se aplicaron para construir un mejor presente, ni para disfrutar, ni para conectar con el otro, y por el contrario pueden estar siendo usadas para el sufrimiento, el dolor, lo que más tarde se puede volver en nuestra contra.

Para dar un ejemplo que aclare: si nos pasamos hablando cosas que no tenemos que hablar, toda esa fuerza dedicada a esto tarde o temprano puede provocar enemistad, rencillas, rencores, rupturas, peleas, robos y un montón de otras situaciones incómodas, molestas o peligrosas.
¿Se entendió?

Por tanto, usar la energía construyendo SHALOM, por medio de pensamientos, palabras y actos de bondad y justicia nos previene de cierta forma de inconvenientes, promueve un mundo mejor, nos cuida el bienestar, nos reporta beneficios, entre otras cuestiones.

En cuanto a lo que concierne al RUAJ, es un hecho comprobado durante milenios que hacia donde te enfocas, se dirige tu pensamiento, tu sentimiento, también tu energía.
Si vives pendiente de penurias, miserias, culpas, quejas, humillaciones, rencores, conflictos, miedos, problemas el pasado tormentoso, el futuro oscuro, esclavitudes, etc., ciertamente la mente no se concentra en soluciones ni en disfrutar de lo permitido que tenemos actualmente.

Es decir, no solamente es energía mal empleada, sino también oportunidades de mejorar que no nos permitimos crear, porque nos cerramos en nuestra celdita mental. Nos aferramos a creencias de perdición, provocando así que realmente nos sobrevengan sufrimientos. No por alguna oscura maldición, ni por castigo celestial, sino porque nuestra mente estará sintonizada para el dolor y no para el disfrute.
¿Se entiende?

Entonces, es un buen ejercicio preguntarse a menudo: “¿Cuánto espacio deja a/en mi alma para la dicha?”.
¿Está clara la pregunta?

Aprendamos a disfrutar, a hacer de cada momento uno que esté lleno de sincera alegría.
Quizás las circunstancias no lo ameriten, pero si sumamos quejas y reproches a los obstáculos: ¿estaremos mejor?

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