Luz de JANUCA

Te diré ahora uno de los motivos por los cuales la Tradición ha dado preponderancia al recuerdo del milagro de las lumbreras de JANUCA y no a la mucho más grandiosa y poderosa victoria militar, también milagrosa.

¿Qué hubiera pasado si los judíos ganábamos las guerras, reconquistábamos nuestra patria, rearmábamos nuestro Estado, pero nos mantuviéramos esclavizados a culturas ajenas?

¿Cuál hubiera sido el valor del esfuerzo y sacrificio para derrotar al extranjero usurpador si al final éste hubiera triunfado por haber colonizado la mente y corazón de los judíos?

¿De qué valían las muertes y pérdidas materiales si tras ellas no se hubiera reinaugurado el Templo, reiniciado el servicio sagrado, difundido el mensaje del Eterno?

Respondiendo a estas preguntas nos damos cuenta del tremendo valor del milagro del aceite, de que se hubieran encendido las llamas del Templo y se mantuvieran encendidas más allá de lo natural hasta el día octavo.

Porque la finalidad de los macabeos y todo el pueblo valiente alzado en armas no se limitaba al nacionalismo, ni a vencer al enemigo, ni a demostrar la superioridad del judaísmo sobre el helenismo, ni a estar en paz material luego de tanto terror desatado por el amargo conquistador.
Todo ello era correcto, pero lo que principalmente ellos pretendían era algo bien concreto y simple: que los judíos pudieran vivir libremente su judaísmo.

Por ello se conmemora con aceite, con encendido de luz (que representa sabiduría, espiritualidad, conexión), porque éste era el objetivo del esfuerzo, la realización de sus ideales.

Por esto es también que la festividad se celebra durante ocho días, que representa lo espiritual en armonía con lo material. Es la manifestación de Dios en la naturaleza.
Es lo que simboliza la llama, que tiene su parte material y tiene su parte etérea que tiende hacia arriba, fluye, ilumina y caliente.

Por tanto, encender las llamas del amor, de la comprensión, del conocimiento, del respeto, de la unidad, de la conexión, de la espiritualidad es lo que da sentido al resto del asunto.

Es esto también lo que tenemos para festejar en JANUCA nosotros.
No meramente un triunfo de las armas y la estrategia, que está muy bien que lo celebremos, pero se pierde en las sombras de la Historia.
Sino la victoria del espíritu, la prevalencia del sentido, el amor a la conexión sagrada.

Es hora de seguir aprendiendo de la festividad para que sea con sentido y no meramente festivo.

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