Receta para la felicidad

Desde hace pocos años se puso como meta de la vida el “estar feliz”, o hasta el más ilusorio “ser feliz”.
Se llenó de todo tipo de gurús y comerciantes promoviendo el deber de la felicidad y vendiendo métodos para lograrlo.
Como si la felicidad fuera un artículo disponible aplicando ciertas técnicas o ejerciendo determinados rituales.

Por supuesto que a la par se demonizó el “no estar feliz”, como si fuera pecado, como si fuera una anormalidad, como si se tratara de una disfunción grave.
Lo que llevó a que más gente se sintiera impotente, doblegada, temeroso, amenazada y corriera a refugiarse en estupefacientes, drogas legales, otras formas de escape de la realidad y por supuesto que también la magia de las religiones y supersticiones.

¡Es un negocio brillante para los amaestradores de la felicidad!
Obtienen poder sobre otros, renombre, dinero; todo a cambio de hacer sentir la tortura de ser condenados por no ser felices y pudiendo adquirir ese mágico sentimiento de dicha a cambio de la libertad.
Allí están estos piratas regocijándose con las penurias ajenas.
Pastores, clérigos, maestros, gurús, “cauchers”, terapeutas esotéricos y vaya a saber cuánto currero más…

Lo cierto es que hay momento de felicidad, esporádicos, disfrutables, maravillosos; pero en modo alguno es el estado normal de la gente ni una constante a sostener.

El sabor de la verdadera felicidad es el resultado indirecto de las acciones de las personas, nunca un efecto automático que se dispara a conveniencia o según se apriete determinado botón mágico.

Es habitual encontrarla cuando uno percibe su propia potencia, el poder que se manifiesta en obras.
Por tanto, es un resultado frecuente del actuar solidario (aunque no solo ello).
Cuanto más favoreces genuinamente a otro, más posibilidades de sentir verdadera felicidad encuentras en tu camino.
Ese es el método clásico que nos enseña la Tradición, no los inventos enfermizos de los mercaderes de la fe modernos.

Vamos a actuar con poder, siendo buenos y justos.
Llenemos nuestra vida de felicidad, por estar siendo generosos con el prójimo y agradecidos con quien nos favorece.

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