Aprender a silenciar significativamente

Las abuelas se ponen ansiosas para que el nene al fin diga su primera palabra.

Sí, también los padres, que suelen convertir el “guaguagaua” en “papá”, asumiendo así que su hijo/hija les reconoce por su título de parentesco.

Están los adultos que les enseñan otras palabras, algunas muy útiles y necesarias; a veces meras tonterías para satisfacer su propio orgullo o infantilismo.

Y el niño va desarrollando su facultad de expresarse, sea verbalmente o por otros canales.
Por lo general, termina aprendiendo de manera casi mágica el lenguaje, cuestión ciertamente difícil, pero que de algún modo se aprende sin necesidad de escuelas ni maestros especializados.
(Supongo que un experto en el tema podría darnos enseñanzas muy jugosas al respecto, pero por el momento está bien así).

Por fin, cuando el niño se larga a hablar suele pasar que los adultos que hasta entonces se desesperaban por cada palabra o ruidito, ahora lo manden a callar. Las excusas pueden ser varias: cuando yo hablo tú te callas; los chicos se callan cuando los adultos hablan; no te metas en conversaciones de adultos; tú que puedes opinar de este tema si no saliste del cascarón y otras frases famosas más que quizás tú quieras mencionar aquí debajo, en los comentarios.

Luego se le manda callar en el salón de clases, o cuando la tele está prendida (Netflix, da lo mismo), o porque hay cosas más importantes que el niño de espectáculo.
¡Y pensar que dos días atrás el mundo parecía girar en torno a ese niño y alrededor de su facultad expresiva!

Ahora, el muro del silencio, que se amplifica con tanta pantallita estúpida que nos esclaviza.
Y el niño queda, por lo general, sin aprender el valor del silencio significativo.
Ese que le da sentido a la melodía, el que dota de presencia a las palabras, el que deja espacio para la comunicación, el que permite la reflexión, el que libera de lemas que se repiten haciéndose pasar por pensamientos, el que te convierte en paciente (no de doctor o sicólogo, sino el que tiene paciencia), el que te forma como un ser más pleno.

No enseñamos el silencio significativo, probablemente porque tampoco lo conocemos ni aprovechamos.
Entonces crecen los otros silencios, los que enferman, los que mienten, los que esconden, los que incomunican.
Crece el EGO, agotando la energía vital.

Es tiempo de aprender a silenciar internamente, para atender el rumor suave pero poderoso de la NESHAMÁ (espíritu, esencia Divina).
Es ahora que podemos aprender a silenciarnos significativamente, para conectarnos con nosotros y todo otro.

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