El favor del adversario

Es triste que aún vivimos en conflicto, imposibilitados de retornar a un estado de vivencia similar al Paraíso Terrenal.

A pesar de que todos somos del mismo océano, no nos sentimos unidos, siendo unidad; por el contrario, nos presentamos y representamos como adversarios, contrincantes, enemigos.
Por ello discriminamos negativamente a los que siendo hermanos terminan siendo extraños.

Padecemos de incomprensión, rencor, guerra, violencia, abusos, incomunicación, rencilla, riñas y una infinidad de contrariedades que nos agobian y consumen nuestras energías.

Es que, vamos por la vida buscando enemigos y encontrándolos, porque pensamos, comunicamos, actuamos desde el EGO y no desde la NESHAMÁ (espíritu, esencia Divina, Yo Esencial).

Mientras no corrijamos esta situación lastimosa, estaremos sin disfrutar de la Era Mesiánica, la que siempre está a la puerta, esperando con paciencia para comenzar y extenderse.

Así pues, tenemos enemigos, aunque no hayamos hecho nada para merecerlo.
O los fabricamos.
O los imaginamos y por tanto reaccionamos como si lo fueran.
Como sea, experimentamos con sufrimiento el conflicto.

Por otra parte, el que existan oponentes tiene su faceta positiva; por ejemplo, nos impulsa a ser mejores, para no dejarnos vencer por otros. Porque, de no existir la contienda, la competencia por vencer sin piedad, entonces fácilmente caeríamos en la pereza, en el conformismo, en la quietud de la muerte.
Ya que, ¿para qué avanzar si como estamos nos sentimos a gusto?
Pero, al haber un adversario es indispensable estar alerta, ponerse en marcha, entrenar, aprender, abrir la conciencia y atención.

Como ves, hasta de la existencia del enemigo es posible rescatar una porción positiva, que nos impulsa al crecimiento y la autosuperación.

Pero también está la otra gran verdad, que solamente aparece con un contrincante en la vuelta.
Él nos critica, pone en evidencia nuestras falencias, descubre nuestros puntos débiles. Cosa que por lo general no hace quien nos quiere, o porque se autoengaña o porque elige no molestarnos con crítica certera.
Siendo así, es más probable que sea el enemigo quien nos ayude a darnos cuenta de aspectos lastimosos de nuestro ser, en lugar de que sea el amigo.
Es por esto también que el terapeuta emocional es visto a veces como un contrincante, como un opositor, porque denuncia lo que la persona está ocultando y le está perjudicando.

Como sea, el enemigo suele estar visible, por lo que nos tomaremos buenos recaudos al respecto.
Andaremos con cautelo.
Seremos listos para no ser atrapados.
Nos cuidaremos y aprovecharemos lo aprovechable.

Pero, ¿qué pasa cuando alguien que se disfraza de amigo es el que, conscientemente o no, está dedicado a nuestra destrucción?
¿Cuánta atención prestamos a las maniobras adversas del que está vestido como aliado o compañero?
Porque no todo lo que reluce es oro, ni todo lo que te llama amigo lo es.

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