Aprender a pensar

Por lo general lo que hacemos con la mente NO es pensar, aunque así llamemos a los sucesos que pasan por ella.

Más bien repetimos lemas, nos dejamos llevar por consignas, reaccionamos con pre-pensamientos (sentimientos), actuamos programaciones, acatamos mandatos sociales/morales, dejamos correr la imaginación y en todo esto nos perdemos la chance de pensar.

¿Y qué es pensar entonces?

Asomar fuera de la celdita mental, despegarnos (al menos un ratito) del Sistema de Creencias.
Atrevernos a criticar lo que suponemos verdad.
Confrontar lo que acostumbramos y no evaluamos.
Dejar la inercia para pararnos y contemplar, o ponernos en movimiento con decisión de la dirección.

Pensar es tomar elementos desconectados y vincularlos.
También es desarmar las estructuras y no temer al resultado.
Es tomar decisiones porque consideramos las opciones y propuestas, no solamente movernos reactivamente.

Pensar es crecer por lo que ya sabías o creías saber.
Pero también es destruir lo que no te permite despojarte de la falsedad.
Pensar es ser sincero y coherente, aunque uno esté en caos mental por el debate con lo que el Sistema de Creencias impone.

Pensar también es negociar, negar el ocio.
Negar lo cierto y que nadie cuestiona.
Pensar es encontrar el punto de conexión consigo mismo y con el otro.

Todo esto no se consigue agobiado detrás de las puertas (sin cerrojo) de la celdita mental.
A lo sumo podemos presumir de pensadores, pero sin alcanzar esa condición.

No todos los que dicen pensar, lo hacen.
Quizás yo no lo esté haciendo al escribir esto, ni tú al pasar tus ojos sobre el texto.

¿Quién lo sabe?

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