No soy quien para opinar, pero…

Hay gente que con toda buena onda se anda entrometiendo en la vida de otros.
Brindan consejos, pretenden moralizar, buscan orientar, opinan, analizan y comentan de la vida de otros y lo que hacer o dejar de hacer; sin que nadie involucrado les haya pedido nada de esto.

Repito, todo desde la excelente buena onda, siempre con la sincera intención de ayudar generosamente al otro, según ellos consideran.
Por supuesto que en la mayor parte de los casos afirmarán que ellos no están para juzgar, que no va con ellos eso de estar poniéndose en jueces, y hasta también sean sinceros en esto que creen no estar haciendo.

Pero, realmente están en posición de jueces y sin estar calificados para actuar así.
Y, lo más frecuente, es que toda su buena intención esté salpicada de enormes océanos de ignorancia, por lo que terminan afectando negativamente más que favoreciendo a sus víctimas.

Porque no están metidos en el tema, no conocen los datos, solamente tocan de oído o dejándose llevar por rumores, habladurías o preconceptos.
También porque no dominan todas las variables ni están empapados en el contexto, motivaciones, intereses y todo el resto que está armando el complejo sistema que pretenden desanudar con sus consejitos bien intencionados.

Entonces, su opinión termina siendo una agresión, porque viene efectivamente cargada de juicios sin fundamentar.
Porque se entrometen en donde no se les habilitó.
Porque desplazan los puntos de resolución reales hacia lo que ellos cree, en su prejuicio, que es lo importante.
En resumen, hacen más mal que bien.

Pero… como están bienintencionados y se promocionan como que no juzgan, seguramente se harán los ofendidos si alguien rechaza sus intrusiones.
Se sentirán agraviados y como si les hubieran agredido a ellos.
Logrando así sumar más caos al drama previo.

En resumen, es una cuestión para tener muy en cuenta y valorar cómo actuaremos.

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