Aprende a hablar respetuosamente de ti

No es infrecuente encontrar gente que tiene un discurso agresivo hacia sí misma.
Es terrible las cosas que se dicen, cómo lo hacen.
Parecieran estar hablando de enemigos mortales, pero es de ellos que hablan.

A veces no son tan directamente violentos, pero dejan deslizar ideas espantosas, sin misericordia, sin equilibrio.
Más que faltándose el respeto, pareciera como si estuvieran buscando hacerse daño.

¿Qué les motivará para esta conducta tan tortuosa?

Están los que no tienen ni tonos, ni gestos, ni discursos cargados con ese odio y virulencia, pero que desde el chiste o la amable conversación no dejan de faltarse el respeto.
Por ejemplo, burlándose sin piedad de algún defecto, o de circunstancias penosas que atravesaron (o están sucediendo), y no lo hacen como alternativa humorística para sobreponerse y crecer en fortaleza. Sino que están actuando lisa y llanamente como cavando un pozo para caer en él y desaparecer, o lastimarse.

Hay otros más que se faltan el respeto por la manera en que tratan a otros, por cómo se dirigen hacia los demás, por la falsa imagen que se hacen de ellos y de los otros.
Puede que estas personas se hagan pasar por más encumbrados de lo que son, con mayores habilidades y recursos, pero en el fondo se sienten impotentes, nulificados, desgraciados.
Por ello atacan a los demás, como si al desmerecer al otro en algo aumentaran su valor y perdieran ese sentimiento de minusvalía que los corroe por dentro.

Están también los que agreden a con la que los demás los identifican, o se sienten avergonzados por estar en relación con ellos, o les encuentran defectos cuando debieran estar compartiendo amablemente y sin juzgar.
Como el chico que le parece humillante que lo vean con su novia –porque es gorda y chueca-, o la chica que no quiere presentar a su novio –porque es feo y pobre-en su casa.
Esa manera de tratar a la gente de su entorno cercano, con los que son identificados, es otra muestra de falta de respeto, obviamente que a ellos, pero también a sí mismos.

El hecho cierto es que en toda ocasión debemos expresarnos de tal modo que seamos respetuosos hacia los otros, pero también hacia nosotros mismos.
Que nuestros pensamientos no incursionen en la autoagresión y mucho menos la llevemos a la práctica; porque es una espiral de torturas que no es fácil de parar luego que se ha puesto en marcha.

Hemos de poner en marcha otro tipo de pensamiento, palabra y acción.
Que se base en la construcción de SHALOM, es decir, el producto de la bondad y la justicia.
De esa manera estaremos en armonía interna y externa, y cuando los vientos rudos golpeen la ventana, tendremos fuerzas para responder con solvencia y soltura.

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