Una plegaria para uno que se cree ateo

Tengo un amigo del otro lado del océano que se declara firmemente como “ateo racional”.
Él dice que no tiene nada contra ningún dios, sea que exista alguno o todos sean imaginarios.
Para él, también el Uno y Único es un dios (en minúscula) más que fue inventado por la gente.
En resumen, este hombre afirma que no cree en ninguna deidad. ¡Ni siquiera entra en su mente la posibilidad de que sea posible!
Eso es lo que dice creer, y no tengo porqué desconfiar.
Yo no trato de convencerlo de otra cosa y el no quiere demostrarme su punto de vista.

No importa ahora el contexto ni antecedentes, solo te diré que el otro día surgió la posibilidad de que aceptara decir una plegaria personal.
Pero, que fuera realmente una plegaria personal.
No quería nada de ritos establecidos, ni de textos arcaicos, ni citas de libros sagrados.
Tampoco se sentía a gusto conversando con la Deidad, así de forma natural. Le parecía muy tonto hablar solo, o con un “amigo invisible”. Igualmente algo muy dentro de sí estaba reclamando por esta experiencia sagrada de conexión con el Infinito, con lo Inimaginable.
Entonces, aquí estaba el amigo para orientarle con algunas líneas, para proveerle de algo así como una estructura básica sobre la cual construir su propia relación personal con la Deidad.

Confieso que no es una tarea sencilla escribir un rezo para él, existen muchos obstáculos para satisfacer su deseo (halájicos, éticos, emocionales, entre otros).
Pero la chance era inigualable, habría que aprovecharla para ayudarlo a reencontrar su identidad espiritual, aunque fuera un poquito.
Sería un pequeño gran paso en la dirección correcta, aunque eso implicara algunas cosillas que por lo general no serían admisibles.

Entonces esbocé rápidamente un rezo, llano, sencillo, directo, que trataba de cumplir sus expectativas y a la vez de evitar la mayor cantidad posible de dificultades (de las que yo pudiera advertir como tales).

Aquí está el texto.

Vecino de arriba, ¿me oye?
No hablo mucho con Ud., digamos que nunca y nada.
De hecho tampoco sé si existe o no.
Lo que absolutamente sé es que de existir no es como lo pintan por ahí.
Como sea, ¿me permite que le moleste un minutito?
Gracias.
Mire Ud., no voy a ponerme a juzgar, porque me dijo el Moré Yehuda que usted juzga a cada uno como cada uno juzga.
Por eso solo le voy a pedir que me dé una gran mano para salir adelante en este momento complicado y poder llevar una vida en paz, ordenada y con un fuerte y sano vínculo con mi pibe.
Desde ya le agradezco y si por alguna de esas cosas su respuesta es no, sepa que igual le estoy agradecido por la oportunidad de conversar un rato.
Gracias, y nos estamos encontrando cuando usted diga.

El mismo día en que recibió este texto, el amigo que se cree ateo conversó (quizás por primera vez) con la Deidad.
Con sinceridad, con humildad, sin pretensiones, sin pretextos, sin imposiciones, sin creerse sabio o con méritos.
Yo estoy seguro que el rezo salido de la espontaneidad y con profundo amor, llegó adonde debía llegar y grandes y poderosas fuerzas están actuando.
La conexión espiritual nunca se corta, jamás se interrumpe. El nexo de la creación con el Creador no queda desligado, por lo que no precisa de re-ligarse. ¡Cuánto más en el caso del ser humano, corona preciosa de la creación! Chispa Divina que pasea un rato por este mundo material.

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