¿Cómo se endurece el corazón?

Este es un estudio dedicado para la elevación del espíritu de la señora Ocotlán bat Candelaria, ofrecido por su amorosa hija Sandra merced a su Tzedaká que nos hizo llegar amablemente.
Que el espíritu de la dama esté en el Gan Eden junto a los justos. Que todos sus descendientes sean benditos en su nombre y por sus acciones.

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Pasemos al estudio.

«Yo endureceré el corazón del faraón y multiplicaré Mis señales y Mis prodigios en la tierra de Egipto.«
(Shemot / Éxodo 7:3)

Ante todo sepamos que en el idioma de la Torá, y de acuerdo al contexto, la palabra “corazón” se debe entender aquí como el órgano dedicado a los procesos mentales, en particular el pensamiento.
Si se hubiera entregado la Torá en la actualidad estaría escrito “cerebro”.
En tanto que “endurecer” hoy sería “entorpecer”, “enlentecer”, “limitar”.
Por lo cual, el versículo nos está diciendo que faraón tendría alteradas sus funciones mentales, más propiamente su capacidad de razonar.

El Eterno NO está diciendo que Él tomaría las decisiones en lugar del faraón, sino que intervendría para encaminar de cierta forma al faraón en sus elecciones.
Limitando su capacidad de razonamiento, obligándolo de cierta forma a mantenerse dentro de la celdita mental (que cada uno de nosotros también padece), sin atreverse (o sin poder) dar pasitos fuera de su zonita de confort (falsa comodidad, porque en verdad es angustia y miseria pero que se elige en vez de aventurarse allá donde el miedo nos espanta).

Esto NO es quitarle a aquel rey su libertad de elegir entre hacer lo bueno y hacer lo malo, ni hacer de él una marioneta que no pesa sobre ella ni culpa ni responsabilidad.
El hombre sigue tomando sus decisiones, como puede, dentro de sus limitaciones… ¡precisamente allí es donde estaría la intervención Divina! Abultando el peso de las limitaciones, reduciendo las posibilidades para el faraón, pero sin por ello quitarle su potestad a ser quien elige entre lo bueno y lo malo.

Queda bien en claro quién está decidiendo un accionar duro:

«Y el corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, tal como Hashem había dicho.«
(Shemot / Éxodo 7:13)

Es el propio faraón el que escoge su senda brutal.
Es él quien con crueldad maltrató a los judíos, asesinó niños, persiguió indefensos, postergó lo inevitable, llevó a gran sufrimiento a su pueblo.
Fue el faraón, y eventualmente el resto de los egipcios, quienes paralizaron su voluntad, restringieron su mente, se aferraron violentamente a sus celditas mentales.
Porque precisamente esto es lo que está contado en esta parte de la Torá: la fiera esclavitud del hombre a su celdita mental, su derrota ante el Sistema de Creencias, su decantarse por lo que es malo por no atreverse a ser mejores.
Lo que pasaba al faraón y su gente, no es algo ajeno a lo que nos pasa a cada uno de nosotros.
Solamente que en el caso del rey, Dios estaba interviniendo directamente para limitar lo ya de por sí limitado que era el espectro de alternativas para el faraón.

Tal como enseñan los Sabios: “por donde el hombre quiere ir, Dios le acompaña”; en este caso, el faraón decidió andar por caminos de horror y oscuridad, entonces Dios le ayudó a ahogarse más profundamente en eso.
Esto es endurecer el corazón, cuando se le acompaña en sus malas decisiones, porque Dios nos autorizó a tomar malas decisiones. Él no quiere que lo hagamos, nos prohibió hacer daño, pero si optamos por lo malo… estamos en nuestro derecho.
Pero después se pagan las consecuencias, siempre. Sea en este mundo o en el venidero, todo pasa por caja… para bien, para mal.

Con este acompañamiento de Dios a que faraón transitara lo más putrefacto de su ser, Dios estaba permitiendo que faraón se enredara cada vez más con las partes más oscuras y sádicas de su Sistema de Creencias, lo que haría en un primer momento que esas creencias terribles se vieran reforzadas, endurecidas, sobredimensionadas (para después desmoronarse).
Y estamos hablando de faraón, el hombre más poderoso de su época. Como sabemos, cuanto más poder se tiene, más graves son las consecuencias de las acciones o de las omisiones.
Por lo cual, cada mala decisión del faraón, cada paso en falso, cada puerta que se cerraba, estaba generando un caos mayor, un disturbio más violento.

Debe quedar bien claro lo que estamos enseñando.
Fueron las decisiones de faraón y de sus seguidores las que fueron fortaleciendo los barrotes de su celdita mental. Ellos se adentraban más y más en esa prisión, por propia voluntad.
Con cada elección que hacían, menos libertad se estaban permitiendo.
Cada vez más eran más presos de ellos mismos, cortando los lazos con la creatividad, con el pensamiento flexible, con la generación de alternativas.
Se estaba endureciendo el corazón del faraón y Dios lo permitía, Él decía “¡amén!».

Pero, por si fuera poco, el Creador organizó un contexto en el cual el proceso mental del faraón estaría reducido, endurecido mucho más que lo habitual.
¿Cómo?
Quitando opciones a su alcance.
Dios no tocó una pizca de la libertad de pensamiento y elección del egipcio, pero sustrajo de su entorno senderos alternativos. Le fue cerrando puertas y tapiando ventanas.
Es como si faraón se hubiera lanzado dentro de un embudo que llevaba a una picadora de carne, y hasta hiciera fuerza para ayudar a la gravedad a ser molido él con su pueblo.
Y pudiendo Dios haber abierto algún sendero que lo sacara del problema, Él no lo hizo.
Bueno, en realidad sí le dio muchas opciones para que faraón optara por salir del embudo, por hacer TESHUVÁ, por cambiar el horrible “destino” que le estaba cayendo encima. Pero tercamente faraón se negó una y otra vez, (al menos cinco veces destaca la Torá, pero creo que pueden ser encontradas muchas más). Entonces, si el faraón se negó a todas las alternativas que le había regalado Dios… ¿quién era Dios para decirle otra cosa?

De cierta forma el hábito fabricado por las frecuentes conductas repetidas del faraón se habían adueñado de él.
Su Yo Vivido estaba profundamente atascado en esa segunda naturaleza artificial (el hábito), lo cual lo mantenía en constante disonancia con su Yo Esencial (NESHAMÁ, Chispa Divina).
El Creador hizo maravillas y portentos, manifestó Su Presencia y Poder, y sin embargo parece que no fue lo que precisaba Egipto para salvarse de sí mismo.
¿Entendiste?

Recuerda, esto pasó con faraón y su gente, pero estamos describiendo mecanismos emocionales/mentales/sociales que padecemos nosotros a diario.
La celdita mental, la zona de confort, el Sistema de Creencias, el EGO no son mitos ni fantasías, son realidades de cada día (lo sepamos o no, lo creamos o no, los confrontemos o no).

Trataré de aclarar con unos ejemplos, que es mucho más fácil de comprender y de explicar.

Tienes el dinero que corresponde para los necesitados en tu mano, pero, por una de esas cosas de la vida, justamente hoy no se te cruza ningún mendigo.
No están los pibes en la esquina limpiando vidrios.
Ni la dama anciana y sin familia en la puerta del súper.
Nada, como si estuvieras en Dubái y cero pobres a la vista.
Vas a la sinagoga para depositar la platita en la alcancía destinada a los necesitados, pero está cerrada.
Dentro de una hora sale tu bus y luego será Shabat, y no tienes opciones a la vista para cumplimentar con tu tzedaká ese día.
Realmente tenías alternativas entre hacer lo bueno y no hacerlo, entre hacer lo malo y no hacerlo.
Pero estabas tan limitado que no se te ocurrió qué hacer.
(De paso te cuento, exactamente esto le pasó hace unos años a un conocido).

Otro ejemplo, en este caso de otro amigo y también hace un tiempo atrás.
Tienes un hijo al que la madre, que ahora es tu ex, te dejaba verlo, pero un buen día lo prohíbe.
Intentas negociar amistosamente para verlo, pero resulta imposible porque chocas con una barrera de incomprensión, mercantilismo, manipulación.
Entonces, no ves más salida que ir a los juzgados. Contratas a un abogado para que lleves el asunto y te encarece tu causa; presentan las demandas legales para ver al hijo, la madre contrata a otro abogado y el asunto tras de encarecerse, se alarga.
En medio se meten otros familiares y conocidos a opinar, a provocar, a inventar historias que van perjudicando todo el asunto y pareciera que muchos de los que se involucran pierden de vista lo más importante: el bienestar del chico.
Toda estas personas pueden optar por buscar un camino de concordia, de equilibrio, pero una decisión acá, un enojo allá, un derecho más allá, el EGO por doquier, y de pronto están metidos en una montaña rusa en donde pareciera que no tienen el control de los sucesos. Van corriendo como si fueran empujados por fuerzas misteriosas, como si tuvieran endurecido el pensamiento y no consiguieran ser dueños de sus vidas.
¿Acaso es un perverso dios que juega con ellos a una partida de simulación?

Y un último ejemplo.
La jovencita que comienza a fumar y beber alcohol por la presión de sus “amigas”.
Para no perder su “amistad”, para no ser abochornada, por ilusionarse con parecer mayor, por posar de superada, por lo que sea menos una esclarecida decisión esta chica se introduce en un mundo oscuro de vicios socialmente aceptados pero igualmente de esclavizantes y enfermantes.

Podríamos proponer multitud de otras anécdotas para hacernos comprender, pero creo que ya está aclarado el aspecto.

Poniéndolo en el caso del faraón, podemos decir que el sistema de gobierno, la presión de su pueblo, la posición ante el juicio de otros imperios, la imprudencia del egocentrismo, la altanería, su propio relato de poderío para defenderse de sentir impotencia, sus pasadas decisiones que ahora debía seguir apoyando aunque se diera cuenta de lo erróneo del asunto, la disonancia cognitiva, entre otras cuestiones tenían encerrado a faraón en una elección limitada de opciones.
Igualmente libre para decidir, pero con muchas menos alternativas que consideraba viables.

Por último, añadamos que también es posible endurecer la toma de decisión de alguien, obstaculizarla, cuando se anestesia su sensibilidad y se entorpece su empatía.
Es como alguien que no siente que se está quemando y por ello sigue con la mano apoyada sobre el fuego. Hasta que no huele a carne chamuscada, no advierte el daño que se ha estado ocasionando por su incapacidad para sentir.
Esto perfectamente pudo haber hecho el Creador con el faraón, embotarle su percepción para que siguiere empedernido en sus malas decisiones, las cuales tomaba con absoluta libertad pero en condiciones desfavorables.
Y también, llenarle de miedos. Hacer que su mente fuera invadida por malos pensamientos, molestas fantasías de impotencia que mantienen a la persona paralizada en una situación dolorosa pero sin respuesta para mejorar. ¿Qué si no estaban causando las terribles plagas, aparte de daños materiales constatables?
Estaban provocando el derrumbe de la ideología Egipcia, la alteración fundamental de los basamentos del Sistema de Creencias común para ellos.
Era un revolución profunda y que causaba estragos terribles, limitando a los egipcios en sus opciones.

En resumen, tenemos como siempre mucho para aprender, otro tanto para desaprender, y necesariamente que aplicar para llevar una mejor vida.
En especial atendamos el tema de la celdita mental, que tanto daño y sufrimiento nos ocasiona; porque es otra manera de llamar a la “dureza de corazón”.

Al releer este estudio encuentro que me quedé corto, porque hay mucha información que deje afuera. Al mismo tiempo veo que está demasiado complejo y muchos podrían confundirse o perderse en el hilo.
Hacemos lo posible…

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