Dios abrió el portón para tu felicidad

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«Así lo habréis de comer: con vuestros cintos ceñidos, puestas las sandalias en vuestros pies y con vuestro bastón en la mano. Lo comeréis apresuradamente; es Pesaj del Eterno.»
(Shemot/Éxodo 12:11)

¿Apresuradamente?
¿Cuál es el motivo para el estrés?
¿Por qué habrían de estar preparados para escapar, como si estuvieran siendo corridos por el enemigo?

¿Acaso no estaba el Todopoderoso a cargo de la salida de estos esclavos de Egipto?
¿No saldrían con la anuencia del faraón, quien estaría derrotado tras la paliza recibida por el Creador?
¿Qué necesidad de esta presión ordenada por Dios?

Hay varias respuestas, pero compartiré contigo una que me parece de especial relevancia para nuestra vida diaria.

Debemos saber que el Eterno se encargó de liberar a los judíos de la esclavitud de Egipto, de romper las cadenas físicas que los atrapaban.
Él les abrió los portones y allanó el camino por el cual materialmente anduvieron.
Pero eran ellos los que debían caminar por sus propios medios.
Además, la liberación interna (emocional, mental, de condicionamientos sociales) solamente habrían de conseguirla por sus propios medios, no por un mágico borrón de memoria de parte del Eterno.
Él les prepararía el terreno, les favorecería en todo lo que estuviera a Su alcance; pero la limpieza interna, el trabajo de corregirse, el luchar contra el EGO, estaría a cargo de cada uno de los individuos que salían del Egipto material.
Dios les dio la Torá, los condujo y les dio a Moshé para liderarlos en la senda de libertad interna; pero Él NO haría el trabajo que le correspondía a cada uno de ellos.

No por incapacidad de Dios, sino porque Él lo decidió así.
Él quiere que trabajemos sobre nuestras debilidades para fortalecernos.
Él nos ayuda a crecer, pero sabe que no nos puede hacer crecer mágicamente porque entonces no habría crecimiento sino torpeza disfrazada.

Porque las excusas para seguir esclavo pueden echar a perder cualquier oferta de liberación verdadera.
Especialmente las excusas religiosas, disfrazadas de piedad espiritual, vestidas de santidad consagrada, pero que no son más que esclavitud y torturas.

Entonces, confía en Dios y deja de inventar justificaciones para seguir encerrado en tu celdita mental.
Camina a tu libertad, que es bendición, deleite, bondad, SHALOM.

Entonces, los judíos tenían que estar preparados para salir, como si estuvieran apurados y sin Salvador.
Porque si empezaban a dar vueltas, a dar opiniones, a estar seguros de que era el momento, a esperar que pasara Dios con un bus que dijera “Chárter milagroso”: ¡el EGO les hubiera ganado y seguirían esclavizados en sus celditas mentales!

Recuerda hacer tu parte y dejar que Dios y el prójimo, cada quien haga la suya.
Y actúa a pleno con todo tu poder, como si Dios no interviniera.
Dios abrió el portón para tu felicidad, ¡sal a buscarla!

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