De mente y tropezar con una misma o parecida piedra

Hay una sección de nuestro cerebro que no diferencia el origen de los estímulos recibidos y procesados.

Da lo mismo si está sucediendo actualmente, si está siendo imaginado, si lo está viendo en una película, si lo está recordando; cualquiera que sea el origen esa zona lo recibe como un hecho verídico y actual. Para nuestro pesar es una región que acciona de inmediato, con un procesamiento de los estímulos muchísimo más veloz que la región más evolucionada, la prefrontal, la que efectivamente puede discernir entre imaginación, rememoración, acontecimiento actual, etc.

Es por esto que cuando estamos viendo una película de terror, saltamos en la silla y nos sentimos angustiados, como si los ataques siniestros estuvieran aconteciendo en nuestro entorno, fueran una real amenaza, ya que esa sección del cerebro es incapaz de dirimir la irrealidad de los eventos y asumirlo como una fantasía.

¿Recuerdas cuando el relato de miedo en un campamento a oscuras generaba oleadas de terror irrefrenable, por el mero hecho de estar imaginando la historia contada por el líder u otro compañero?

Ahí está nuestro cerebro primitivo jugando con nuestra mente, poniéndonos en una situación de impotencia y provocando la reacción automática de los mecanismos del EGO.

También puede acontecer en casos de sentimientos positivos, que no sean de agitación y reacción ante el peligro. PERO, corremos en esto con una desventaja, y es que la zona del cerebro para interactuar con esos sentimientos no cuenta con el acceso inmediato y masivo a los interruptores emocionales. Sí, también se puede encontrar una vivencia placentera a través de la imaginación, pero será de menor intensidad y extensión que las de terror o indefensión. ¿Qué le vamos a hacer? Así fuimos diseñados con sabiduría, para poder tener efectivas herramientas de supervivencia inmediatas.

En los hechos, cuando llenamos nuestra mente de inputs negativos, pensamientos, sentimientos, palabras, comentarios, quejas, lo que fuera, estamos provocando la urgente reacción de zonas profundas.y oscuras de nuestro cerebro, generando con ello modificaciones destinadas a la supervivencia pero que ahora están dirigidos a combatir cosas intangibles, y probablemente inexistentes.

Es importante que se entienda el concepto, ¿estamos bien hasta aquí?

Es sumamente importante tener bien en claro estas ideas, ordenadas, organizadas y no confundir porque el caos lleva a mayores grados de impotencia y por tanto una ampliación de las dificultades.

De paso, notarás que es precisamente lo que estamos enseñando en esta oportunidad…

El propósito de vida no lo encontraremos en la regiones primitivas de nuestro cerebro. Allí se basa nuestro instinto de supervivencia, se alojan herramientas de reacción inmediata, se conecta con mecanismos básicos de regulación de nuestro organismo; pero no encontraremos trascendencia, propósito, sentido, razones, evaluación o pensamiento alguno. Se maneja de acuerdo a sus propias reglas, sencillas, brutales, primitivas, elementales, compartidas con otros muchísimos seres vivos de nuestro planeta.

Tampoco habrá allí valores, ni el rigor de la moralidad (recordando que ésta es una norma social, que no tiene porque coincidir con la ética cuyo origen es espiritual). Simplemente se es, se reacciona instintivamente, se producen efectos ante diferentes estímulos.

En otras regiones también del “submundo” cerebral hallaremos el sótano del Sistema de Creencias, elementos que sin sistematizar ni cohesión alguna forman una segunda naturaleza también reaccionaria y no intelectiva. A la que se le van sumando los hábitos que iremos acumulando a lo largo de nuestra vida con la repetición de determinadas conductas. Todo esto ya lo hemos explicado en belev.me o serjudio.com, por lo que no ahondaremos más aquí ahora.

Ahora, añadamos a todo lo anterior la impresionante región (por ahora metafísica) del inconsciente y de la memoria de largo plazo. Un vasto y misterioso universo, lleno de sorpresas y datos que ni siquiera con toda la paciencia y habilidad podrán emerger a la conciencia, hacerse palabra, ser controlados por la razón, y sin embargo pueden tener un enorme poder sobre nuestra conducta.

En síntesis, una enorme y compleja red y colección de elementos que forman el basamento orgánico, funcional e informático de nuestra mente. Mente de la cual podemos acceder a un ínfimo porcentaje, gobernar racionalmente apenas y con sobresaltos.

Y eso que ni hablé de la interface con la NESHAMÁ, nuestra chispa Divina, nuestro Yo Esencial, nuestra dimensión espiritual. Que a su vez nos conecta con la infinita red espiritual, la que no conoce límites de tiempo o espacio, que no tiene individualidad ni reporta ante autoridad creada alguna.

Y que solo mencionaré ahora al pasar la información epigenética, que también anda operando en nuestra mente aunque ni siquiera es parte de nuestro cerebro personal.

Espero que quede muy claro todo esto que es absolutamente oscuro, pero no en el sentido de negativo, sino de incomprensible, oculto, apartado de lo frecuente.

Es un hecho que de acuerdo al Sistema de Creencias nuestra mente tendrá un mayor o menor aprecio por la felicidad que experimentemos.

En sociedades donde el hedonismo es un valor positivo y valorado, será visto con decepción aquel que no disfrute de los placeres de la vida y que no obtenga destellos de felicidad. En tanto que allí donde la moral condene la felicidad como “mundana y pecaminosa”, se someterá a escarnio al feliz y se torturará al que intenté gozar los bienes de este mundo con los que nos favoreció el Buen Creador. Otros serán los motivos para la felicidad en el marco de la sociedad que desprecie al “mundo”.

Por tanto, la felicidad es un objeto más de interés para la mente, pero siempre en relación al Sistema de Creencias, nunca como una entidad en sí misma.

También supeditado al SdeC está nuestro propósito de vida, si bien el Eterno nos ha encomendado uno a nuestro especie, así como uno a cada individuo, la manera que nos relacionamos con él y cómo lo podremos realizar está bajo el imperio del SdeC, el cual pocas cosas escapan en la mente humana.

En el SdeC están los interruptores que nos hacen conectar con determinadas personas o rechazar a otros, seguir en relaciones tóxicas o superarnos. No es cuestión de magia metafísica, simplemente la amalgama caótica que nos forma en lo más basal de nuestra mente.

Y cuanto más en oscuridad mantengamos, más nos parecerá que somos marionetas de un destino travieso, sin comprender cuánto está realmente a nuestro alcance dominar y cuando es tiempo de fluir para no chocar con lo que no está en nuestra capacidad de controlar.

Recuerda que porque no lo comprendas o no haya aún ciencia que lo haya revelado, no significa que las cuestiones sean sobrenaturales o del dominio de la magia. Lo que hasta ayer era brujería o probablemente esté siendo enseñado en colegios secundarios de todo el mundo como física o química.

Pero, como ya mencionamos anteriormente, hay secciones de nuestro cerebro que no se inmutan en lo más mínimo con propósitos, valores, o lo que sea relevante para la parte evolucionada de nuestro cerebro.

Eso no quita un gramo a la importancia de lo que para el submundo mental no es relevante. Porque allá en lo primitivo, todo esto es incomprensible, son tonterías, un lujo, banalidades sin importancia. Porque el sótano mental, que es más bien cerebro que mente, solamente está para evitarnos la muerte y mantenernos vivos y con la regulación indispensable que preserve la vida. Todo el resto está fuera de su ámbito, ni siquiera entre dentro de su “mente” (fue dicho esto en sentido figurado, por favor).

Para ir terminando este estudio, que ya es más extenso de lo planificado en un principio, me queda hablar un poco de las circunstancias o eventos que se vuelven a repetir en nuestras vidas.

Porque quizás te habrás dado cuenta de que pareciera como si relaciones, sucesos, historias, fueran reiteradas y como si un destino nos marcara a revivir una y otra vez parecidas situaciones.

Comprender y manejar esto de por sí ya amerita un libro entero al menos, por lo que seré absolutamente breve ahora.

Primero, están los sucesos repetidos que ocurren porque nuestra mente se encuentra en un loop, un bucle, del cual no ha podido salir.

No es una cuestión mágica ni producto de alguna extraña maldición del destino.

Sino que por no haber aprendido a generar alternativas, o a ampliar la visión para descubrirlas, o haber madurado emocionalmente para transitar esos caminos alternos, es que terminamos en estos bucles que se repiten. Algo así como si hubiéramos aprendido a usar el martillo solamente y no conociéramos más herramientas de la caja, y por eso siempre estaremos golpeando con el martillo aunque estemos precisando un destornillador, o una llave, o una pinza o lo que fuera. Aprendimos abc y vivimos de acuerdo a abc. Nuestro SdeC nos limita a salir de esa limitación, por tanto andamos una y otra vez como los ratoncitos en la rueda, girando siempre por situaciones parecidas. Quizás habrá variaciones, tonalidades diferentes, otros nombres y rostros, pero la historia será idéntica.

Segundo, ocurrieron eventos traumáticos en nuestra vida personal, o en la de nuestros ancestros, y esto generó un punto de bloqueo importante para el flujo de nuestra energía. Estamos como atrapados en la red de una pesadilla que ya ha terminado pero que la mantenemos viva porque nuestra mente gira en torno a ella. No dejamos caer las piedras de nuestra mochila, sino que las seguimos transportando. Atesoramos restos de estiércol como si fuera oro. Derrochamos energía vital en quejas, lamentos, murmuraciones, envidias, peleas, amarguras, sentimientos de culpas, reproches. Nos atamos y envolvemos más y más con esa tela de araña que nos asfixia y no nos apartamos, manteniendo nuestra vida girando en torno a lo que nos daña. No es de extrañar entonces que los eventos se repitan las anécdotas se parezcan, las relaciones sean una un calco de la anterior. Porque no salimos de nuestra celdita mental y por tanto no ampliamos nuestro marco de acción.

Tercero, tenemos alguna lección que aprender y “la vida” se encarga de darnos chances para que lo hagamos. Quizás no haya traumas que superar, ni una enseñanza limitada que nos encierra, sino una falta de apertura de conciencia. Está ahí la enseñanza, nos avisa que le demos cabida, golpea a nuestra puerta, nos llama; pero no somos capaces de comprenderla, de sumarla a nuestro caudal. Entonces seguirá apareciendo, porque está ahí y nosotros tenemos que aprehenderla.

Cuarta, no dejar una tarea inconclusa.

Quinta, tenemos la misión de elevar determinadas chispas y hasta no hacerlo, la tarea se acumula y va repitiendo en ciclos idénticos o parecidos.

Sexta, no admitir el fracaso y por lo tanto seguir intentando con lo mismo, para no demostrar la inoperancia previa y caer en sentimientos de impotencia.

Séptima, no atreverse fuera de la celdita mental y por tanto mantenerse en una zona de aparente seguridad en donde se relaciona con lo que se percibe como conocido   y en cierta medida manejable.

Octava, seguir programaciones inconscientes que solo se quiebran al tomar conciencia de los bucles en los cuales uno se encuentra atrapado.

Novena, esas circunstancias entran en tu marco de lo conocido. Aunque sea doloroso, molesto, generador de impotencia y no solamente situaciones agradables. Por ser parte del marco referencial y por querer reparar un impulso inconsciente nacido en tu remoto pasado, individual o familiar, es que tropezamos nuevamente con la misma o parecida piedra.

Décima, existe una disonancia entre facetas del Yo Vivido con el Yo Esencial, lo que produce una insatisfacción de mayor o menor grado, dependiendo de la distorsión en la asincronía. Esto lleva a que la persona actúe una y otra vez la tonada hasta alcanzar la melodía que le conecta con su Chispa Divina y entonces vibra armoniosamente.

Undécima, porque somos adictos a cierto tipo de personas, eventos, emociones, etc.
Como tal, buscamos conscientemente o no repetir y aumentar las dosis que nos calman el ansia.

Duodécima, porque mientras seguimos con la conciencia dormida no tendremos un amplio libre albedrío. Por tanto, estamos condenados a vagar por estrechos corredores repitiendo patrones de conducta.

Decimotercero, el universo en su totalidad, cada partícula de forma individual, todo absolutamente todo vibra. La vibración es energía y al mismo tiempo (o quizás por ello) información. Nuestra vibración emocional resuena de manera destacada con ciertas personas, lugares, circunstancias. Entramos en fase con esto que se armoniza, por lo que no es difícil de encontrarse en relaciones parecidas, por haber conectado con determinadas ondas vibratorias (que en su mayor parte pasan absolutamente inconscientes y por lo tanto manifiestan un mayor poder de control de las conductas).

Decimocuarto, es parte de las tareas que el Creador tiene para ti.

Decimoquinto, no existen tales patrones reiterados, sino que los adivinas basándote en informaciones parciales, en casualidades que conviertes mágicamente en tu mente en causalidades.

Decimosexto, como hemos enseñado en oportunidades anteriores, las personas forman patrones de conducta en relación a las figuras formativas principales en su infancia.
Entonces, si el padre (por decir algo) es golpeador, el hijo aprende ese patrón de conducta y forma en su basamento mental patrones de conducta tendientes a ser golpeador. O se identifica con la víctima y pasa a tener patrones de conducta complementarios, del que recibe los golpes. O se identifica con el tercero, que es el facilitador de las conductas, y por tanto genera en su interior un patrón del que es cómplice de las golpizas, es decir, no pega, no recibe los palos, pero interviene de forma más o menos sutil para que la situación se siga produciendo y manteniendo.
Estos patrones interiorizados (que no son solo en lo referente a violencia física, sino a todas las conductas del ser humano que son adquiridas), buscan manifestarse, expresarse. Por tanto, vamos por la vida repitiendo determinadas conductas, encontrando gente que las complementa o facilita. Por ello no es tan extraño andar encontrando que nos pasan acontecimientos parecidos.

Decimoséptima, el mundo es un como gran videojuego que tiene un limitado pool de recursos, que se repiten.

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