La fuerza del enojo

Hemos aprendido que la ira tiene una importante función en nuestra vida: servir de alerta ante una situación de impotencia.
Es como la alarma del auto que se dispara cuando algo la provoca, cuando el coche que protege pudiera estar en riesgo (quizás luego hablemos de las alarmas que se disparan locas y sin control, por lo general de madrugada y sin motivo ni finalidad).
Está para avisar al dueño de un posible incidente, o asustar al ladrón, o advertir a los vecinos para que defiendan la propiedad del inocente. Como sea, los creadores de la alarma de carro tuvieron una visión genial para cuidar el bien expuesto a los peligros de la calle.
De similar manera el enojo, cuya función principal es llamar la atención a aquel que la padece de que se encuentra en una situación de impotencia, que lo pone en alguna clase de peligro.

Con el enojo podrían aparecer algunos inconvenientes:

1- que se transforme en eje de la vida y no en mero instrumento auxiliar útil.

2- que lleve a acciones reactivas, violentas, y no cumpla la mera función de advertencia y alarma.

3- que se dispare ante imaginación de impotencia, o en situaciones en las cuales ya se sabe de la impotencia sentida y no se precisa del tronar de esta alarma ineficaz.

4- que se la niegue, obviándola, no atendiéndola y por tanto sigue activa y gastando energía, perturbando la armonía (como esa alarma que suena y suena y suena y suena y suena y suena… ¿te pasó?).

¿Entiendes cada una?
Espero que sí, pero igual brindaré un breve ejemplo:

1- en lugar de resolver lo que causa la impotencia, se enfoca en la ira, la alimenta, la acrecienta, la hace centro de conflictos.

2- no se controla la reacción conductual, por tanto a la ira la acompaña el acto violento nacido en la impotencia y resonador de mayores impotencias.

3- existe la impotencia real y existe la sentida; cuando estamos sometidos a la sentida no tenemos nada para modificar fuera de nosotros, porque no hay nada externo que la esté provocando. También sucede que en la sociedad moderna vivimos infinidad de situaciones que disparan las herramientas del EGO (base del enojo), cuando esas herramientas no sirven para resolver tales conflictos modernos. Por ejemplo, si uno tiene un jefe pesado, detallista, absurdamente metódico, probablemente uno se sienta agobiado, impotente, pero no es recomendable ni saludable estresarse por ello y reaccionar desde el EGO. Habría que aprender a dominar los sucesos, a surfear las problemáticas con instrumentos racionales.

4- ¿conoces a alguna persona que explota en su enojo cada dos por tres pero niega tal hecho?
O el que pareciera impávido ante circunstancias que harían reaccionar a cualquiera  con sangre en las venas, y no lo hace desde la conciencia y el poder, sino desde la negación de la emoción.
Pasan por la vida como si nada les enojara, pero en su interior la ira es un volcán a toda marcha, con una presión impresionante y el día que explote (para adentro o para afuera) hará un desparramo tremendo y destructor.

Veamos entonces qué hacer.

Como primer cuestión, debemos desterrar la idea de que sentir ira es algo antinatural, un pecado, algo satánico, síntoma de enfermedad, locura o lo que fuera negativo y malo.
Sentir enojo es absolutamente normal y hasta bueno, como mencionamos, es una alarma que nos alerta de que estamos en una situación de impotencia.
Debemos por tanto atender a su presencia, no negarla, no excusarla, no permitir que siga resonando sin parar y consumiendo energía y provocando deterioros internos y externos.
Sentirla, reconocerla, admitirla, saber que está ahí y es por algo.
PERO NO dejar que se convierta en acción destructiva, ni sea en acto, palabra o pensamiento.
Simplemente reconocer que está, admitir que algo nos provocó esa ira por ponernos en estado de impotencia, y NO actuarla.

Ok, ya nos dimos cuenta de que estamos enojados, lo aceptamos, no nos condenamos por ello.
Tampoco destruimos cosas a nuestro paso, ni nos sentimos una miseria infernal por sentirnos así.
Es hora de que esta emoción nos mueva, porque ese es el destino de las emociones: mover.

Es el momento para considerar qué ha provocado nuestro sentimiento de impotencia y verificar si es real o imaginario.
Ver qué está a nuestro alcance para superar la limitación.
Corregir y solucionar aquello que es posible.
Dejar fluir sin esclavizarnos con las cosas que no están en nuestro control cambiar.

Date cuenta de que a pesar de estar en impotencia, la ira demuestra que tenemos un potencial energético que no estamos aprovechando correctamente.
¿No sientes esa fuerza recorriendo tu organismo cuanto te enojas?
Como palpita el corazón, los músculos se tensan, la voz sube de volumen, la fuerza de los golpes o lo que sea que te pasa cuando te enojas. ¿Te das cuenta?
Es un montón de energía que terminará desperdiciada siendo usada en pensamientos, palabras o actos violentos sin beneficio. O se ocultará y enquistará en tu interior, aumentando su tormento, pudriendo las cosas a su alrededor, esclavizándote, generando enfermedad y/o conflictos con otros.
Es mucha energía disponible para construir que podemos aprovechar para beneficiarnos, en vez de permitir que se derroche o nos asesine desde dentro.

Al reconocer nuestro enojo, al darnos cuenta de lo que lo motiva, al asumir nuestra impotencia, al no dejarnos llevar por la reacción, estaremos con energía para cambios positivos a mano, y si no es posible el cambio igualmente habrá energía para sobrellevar los acontecimientos y salir mejor parados.

Entonces, respira profundo, calma tu accionar, no te dejes llevar por la emoción destructiva.
Redirige el poder hacia la construcción de SHALOM.
Que no será fácil, no será fácil.
Que precisa entrenamiento, precisa entrenamiento.
Que habrás de aprender técnicas para controlarte y para ir aflojando el enojo acumulado, sin dudas.
Que podrás hacerlo, podrás hacerlo.

Deja un comentario