Tu corona de santidad

Salta a la vista una de las ocho prendas consagradas del Cohén Gadol, el TZITZ:

«’Harás de oro puro una lámina en forma de flor, y grabarás en ella con grabadura de sello: ‘Consagrado al Eterno.’
La colocarás sobre un cordón azul, y estará sobre el turbante; estará en la parte delantera del turbante. Estará sobre la frente de Aarón, y Aarón cargará con la culpa relacionada con las cosas sagradas que los Hijos de Israel hayan consagrado, todos sus obsequios sagrados.
Estará continuamente sobre su frente para que hallen gracia delante del Eterno.»
(Shemot/Éxodo 28:36-38)

Obviamente nos trae inmediatamente a la memoria otro objeto sagrado que va en la frente: la TEFILÁ de la cabeza.
En este caso, no es para uso exclusivo del Sumo Sacerdote, sino para todo judío (sí también para las damas, aunque no sea lo habitual).
En el interior de esta caja se encuentra varias veces el Nombre del Eterno, así como la indicación de la consagración de los judíos para Su servicio sagrado.

Tanto el TZITZ como la TEFILÁ de cabeza son coronas, que adornan el contorno de la cabeza del judío y le sirven como recordatorio de su función principal en este mundo: conectar lo material con lo espiritual.
Ser un puente con la conciencia espiritual para todos los que no están conscientes y siguen durmiendo la modorra del EGO.

Y sin embargo, hay otra corona más similar a estas dos y que es para uso de cualquier persona, sin importar quien sea.
¿Cuál es ésta?

La de la mente coordinada con la NESHAMÁ que tiene presente al Eterno de manera constante y por eso la conducta de la persona es una fiel imagen de Su conducta con Su creación.
No por tener palabras de alabanza y Dios (Ds Di-s D-os o etc.) en la boca todo el tiempo, ni por chapucerías religiosas; sino por una verdadera conducta, pensamiento y palabras de construcción de SHALOM.
Con esa corona interna, apropiada para todo ser humano, la manifestación del Espíritu se hace más poderosa en cada rincón y momento.

Tenemos por delante la sagrada tarea de sostener las coronas de santidad que nos corresponden.
¡Hagámoslo!
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