Profundos secretos de la TEFILÁ

La TEFILÁ propiamente dicha es la AMIDÁ.
Lo que está establecido para recitar antes y después son complementos.

Tomando en cuenta esto, veamos cómo está estructurado el rezo matinal (SHAJARIT), que es el más completo y extenso de la jornada:

  • Bendiciones al retomar el día – al volver a despertar y acabar la noche, es momento para tomar conciencia de los bienes cotidianos que nos regala el Eterno por Su Bondad
  • Korbanot – ofrendas (que son un reflejo de la reverencia que se tiene por el Eterno)
  • Zimrá – cánticos (que manifiestan el regocijo por sabernos en relación con el Eterno)
  • Keriat Shemá y sus bendiciones – unificación de las dos anteriores actitudes, que corresponden a una tercera actitud que es el amor, cuyo recitado fundamental es de porciones de la Torá al respecto de la unidad del Eterno y nuestra relación mutua de amor
  • AMIDÁ (en los días que corresponde, el Tajanún es parte de ella)
  • Lectura de Torá (en los días que corresponde) (en representación de la unidad y amor)
  • Salmos de despedida (nuevamente el regocijo de sabernos en relación directa con el Eterno)
  • Ketoret – ofrenda de incienso (de acuerdo a la costumbre) (la veneración al Eterno)
  • Aleinu leshabeaj y otras lecturas – pertrechos para volver a la vida cotidiana y llevar una vida dedicada a la construcción de SHALOM.

De esta forma logramos compatibilizar dos versículos que en principio parecen contradictorios, que son:

«עִבְד֣וּ אֶת־ה בְּיִרְאָ֑ה וְ֝גִ֗ילוּ בִּרְעָדָֽה :
Servid al Eterno con reverencia y alegraos con temblor.»
(Tehilim/Salmos 2:11)

« עִבְד֣וּ אֶת־ה בְּשִׂמְחָ֑ה בֹּ֥אוּ לְ֝פָנָ֗יו בִּרְנָנָֽה :
Servid al Eterno con alegría; venid ante Él con regocijo.»
(Tehilim/Salmos 2:11-100:2)

En una mirada superficial la reverencia impide el regocijo, el regocijo espanta la reverencia.
Porque reverencia es la conciencia de lo limitadísimos que somos en comparación al Creador, que su “existencia” es inimaginable, mucho menos capaz de ser limitada por descripciones o discursos “teológicos”.
Al ser conscientes de lo infinitamente nada que somos ante su infinita Presencia, lo único que podría quedar como respuesta es la reverencia, el temor sagrado, el temblor del que asume su incapacidad completa y absoluta ante lo inaccesiblemente otro.
Pero Dios no nos quiere en esa postura débil, cobarde, menguada. Si bien es cierto nuestra nada ante Él, también es cierto Su Amor hacia nosotros, motivo para que nos creara.
Y eso es lo que nace cuando nos damos cuenta de esta circunstancia, entonces servimos al Eterno con alegría. Nos llenamos de la emoción sagrada que impulsa a la apertura de la conciencia, a sincronizar nuestro Yo Vivido con el Yo Esencial (NESHAMÁ, espíritu). Nos sabemos en relación con Él, lo sentimos como un Yo que se conecta con este otro diminuto yo, pero que también vale y no es un átomo perdido en la inmensidad del universo. Él nos escucha, nos atiende, nos mima, nos corrige. Está con nosotros, nos da vida y esa percepción nos llena de alegría profunda.
Es entonces cuando se puede producir la unidad, cuando la reverencia paralizante y la alegría movilizante engendran en conjunto la actitud y conducta de amor. Nuestro amor hacia Él, y por tanto hacia Su creación.
Porque nos sabemos espejo de Su Esencia, diminuta chispita de Su Luz infinita.

Todo esto debería ocurrir al momento del rezo, ese fluir de poderosas pasiones encaminadas por la mente y no dispersas caóticamente.
Para así hacer del rezo lo que realmente es, la respuesta del hombre al llamado de Dios.

De nada sirve al bailoteo tarado, las palmadas obtusas, los gritos pedantes de bebe crecido, las posturas religiosas, los rituales bobos, las ropas que son disfraces, la repetición de lemas desprovistos de sentido, el embotamiento de la emoción y/o el pensamiento.
De nada bueno sirve, más bien todo lo contrario.

El alma debe sentir el regocijo y la reverencia, y hacer el trabajo de transformarlos en amor.
Las palabras del libro de rezos son una guía inteligente y poderosa.
Algunos de los diferentes rituales tienen razón de ser.
Pero el rezo no queda allí, sino que necesariamente debe ser nuestra respuesta a Su llamado.

Para luego salir del rezo, comunitario en lo posible, según las normas establecidas por los Sabios en lo posible, para luego salir del rezo cambiados, en sintonía con nuestra NESHAMÁ y ser transformadores de nuestra realidad.
Construir SHALOM con bondad y justicia, los mecanismos de la reverencia y la alegría. Entonces habrá amor, o sea el SHALOM.

Te dejo esta enseñanza para que te sea de provecho.
Ahora te pido que tú me dejes un par de cosas: tu agradecimiento de palabra por el esfuerzo de compartir esto contigo y saber que tiene alguna utilidad,
y tu agradecimiento a través de ayudarnos con un aporte de dinero, porque vivimos en un mundo en el cual hay que pagar para poder obtener con méritos.
Aquí quedo, esperando.
Gracias.
Shalom

Deja un comentario