El corazón del poder

«כַּ֭מַּיִם הַפָּנִ֣ים לַפָּנִ֑ים כֵּ֤ן לֵֽב־הָ֝אָדָ֗ם לָֽאָדָֽם:
Como el agua refleja la cara, así el corazón del hombre al otro.»
(Mishlei/Proverbios 27:19)

En la época en que este proverbio fue escrito los espejos eran escasos, e imposible de encontrar las cámaras para selfies. Por tanto, cuando uno veía el reflejo de su rostro era al pasar por un estaque de agua, dependiendo del estado de las olas. O en el agua de alguna vasija, que devolvía el reflejo de la cara que la miraba.
Si esta frase fuera escrita hoy, probablemente diría “como el espejo refleja la cara”.

Igualmente, es interesante destacar que para aquellos antiguos hebreos era un hecho más que evidente que la realidad existía (por ejemplo, la Realidad última que es el Creador), pero que solamente nos hacíamos una idea a través de numerosos filtros y procesos de retoque. Por tanto, no estábamos percibiendo la realidad, sino la imagen mental que podíamos elaborar de ella.

Es un hecho fundamental el papel de la interpretación que se realiza de los sucesos, porque todo pasa a través de esta caja oscura (el Sistema de Creencias y el correspondiente sistema de cada uno de los sentidos) que termina por fabricar nuestra posición respecto a lo percibido.

Como puede resultar difícil comprender el asunto, permíteme darte un simple ejemplo gráfico:

¿Cuántos observadores están interpretando el número que está en el suelo?
Para muchos es evidente que los dos dibujados.
Quizás te sorprendas al darte cuenta de que tú eres el tercero, que no está incluido en la imagen pero sí en el hecho de elaborar una idea acerca de la realidad presentada en la misma.

Ahora, concentrémonos solamente en los dos personajes con sus opiniones, no en la complejidad de incluirnos en la escena.

Ambos sujetos están diciendo lo que ellos conciben de un determinado evento.
Los dos tienen razón.
El problema suele aparecer cuando en lugar de usar la Comunicación Auténtica escogen luchar para ver quien controla, quien se impone, quien es el poderoso.

Con este ejemplo la cuestión parece bien clara y evidente para nosotros, el tercer observador del número, que además desde nuestra distancia podemos tomar nota de lo que está sucediendo de forma más completa que los dos muchachos de la imagen.
Pero, ¿qué pasa con cuestiones que dejan de ser concretas y fácilmente demostrables, como la posición de la figura del número con respecto al lugar del observador?
¿Qué pasa cuando el debate es sobre posiciones ideológicas?
¿Cómo hacer para aceptar que no tenemos sino solamente una visión parcial de los hechos y que lo que “pensamos” no es otra cosa que un producto mayormente de nuestro Sistema de Creencias?
Sistema de Creencias que no depende de nuestra voluntad ni hemos sido nosotros los principales productores del mismo.

Por tanto, eso que percibimos y creemos firmemente que es un reflejo de la realidad, pasa a ser solamente el resultado de un proceso complejo que en buena medida no controlamos.
¿No debiera provocarnos a humildad y anhelos sinceros de Comunicación Auténtica, en lugar de prepotencia, enojos, insultos, agresiones, guerras santas y otras cosas nefastas?

Pero, como el control suele estar en manos del EGO y no de la mente orientada por la NESHAMÁ, sabemos cual es la tendencia habitual de la persona.

Y esto nos lleva al final del proverbio del sabio e inspirado Shelomó.

Nuestro corazón, manera antigua de denominar el pensamiento, establece vínculos con el pensamiento del otro. Estos nexos son tanto conscientes como inconscientes, por tanto, sobre algunos tenemos cierto control en tanto que sobre otros muy poquito.
Cuando en nuestra mente anida pensamientos negativos hacia el otro, por ahí se lo decimos abiertamente, se lo hacemos saber con indirectas, o nos traiciona el proceso inconsciente revelando lo que conscientemente queremos mantener oculto.
Como sea, el corazón del hombre siente lo que el corazón del otro siente.
De cierta forma, si afinamos nuestra intuición activamente podemos llegar a tener cierta sensibilidad especial por lo que el otro nos está transmitiendo, a sabiendas o no.
Lo mismo al revés, de nosotros hacia él.

Entonces, es de sabios eliminar los malos pensamientos hacia el prójimo.
Porque no son buenos para nosotros.
No aportan mucho para edificarnos y disfrutar.
Quizá porque sean injustos hacia el otro.
Pero también porque lo queramos o no, el otro de alguna manera sabrá lo que pensamos de él.

Mejor, de todas formas, es poblar de construcción de SHALOM nuestro pensamiento, hablar y actuar.
Que estemos bien equilibrados entre la bondad y la justicia, erradicando con ello los malos pensamientos y las injustas apreciaciones.
Trabajar en nosotros mismos para construir puentes saludables de Comunicación Auténtica, y si hay cosas que no nos gustan de la conducta del otro, poder obviarlas y no pensar más en ellas, o poder discutirlas con quien corresponda.
Pero dejar de albergar el mal pensamiento que nos arruina por dentro y por fuera.

Este estudio tiene muchísimas y profundas enseñanzas, pero que a la vez son de una tremenda utilidad práctica.
Si te ha servido, te pido que colabores con nosotros para que podamos continuar la tarea sagrada que desde hace más de dos décadas venimos llevando.
Porque es un placer compartir este pan espiritual contigo, pero también es un placer poder pagar las deudas a fin de mes.
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Shalom y gracias

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