Esclavo de la preocupación

En ocasiones la mente se ve invadida por preocupaciones, inquietud, temor, desasosiego a causa de un problema existente o al anticiparnos a hechos o consecuencias desagradables.
La emoción negativa corroe la claridad del pensamiento y lo llena de dudas, miedo, imágenes de sufrimiento e incapacidad.
Se malgasta la energía en esas imaginaciones poco redituables, destructivas en realidad.
Se pierde el presente irrecuperable imaginando situaciones inexistentes, o dando vuelta a pensamientos estériles de cuestiones que no serán resueltas de esta manera.
Por el contrario, cuanto más preocupación menor posibilidad de ocuparse en resolver, en avanzar, en liberarse de dramas y disfrutar de lo accesible.

Suena lógico y razonable no dejarse aprisionar por la preocupación, y sin embargo parece que no tenemos el poder para dirigir nuestros pensamientos. La mente está como secuestrada y no en nuestro poder. Como si de otra parte se nos eligiera el tema que obligatoriamente debemos rumiar y no hubiera forma de romper este hechizo.

La preocupación nos va debilitando, no solamente en el plano de lo mental y emocional, sino que bien pronto comienzan a manifestarse síntomas y signos corporales.
También hay repercusiones a nivel de lo social, porque no nos sentimos en condiciones como para afrontar los retos de la interacción con otros, de estar en compañía puesto que el hervidero mental nos agobia y espanta.

Queda claro que no es a través de la preocupación que logramos la estabilidad y la resolución de conflictos, sino que los generamos o intensificamos.
Por eso lo más saludable es dejar de preocuparse para pasar a ocuparse.

Esto es, si está a nuestro alcance la resolución, eliminamos el problema que tanto nos altera.
Si no tenemos manera de solucionarlo, ni contamos con los contactos para hacerlo, de nada nos sirve estar atormentados por pensamientos recurrentes de impotencia.

Como sea, el viejo adagio que dice que si tiene solución no es un problema, y si no podemos resolvernos, ¿para qué preocuparnos?
Una gran sabiduría en pocas palabras.

Pero el EGO no nos permite llevar una vida simple y menos complicada.
Decidimos librarnos de la preocupación, pero la voluntad por sí sola no consigue plasmarse en la realidad.
El EGO tiene sus astucias para mantenernos en impotencia, sometidos a su dominio y por consiguiente, las preocupaciones seguirán comiéndonos la cabeza.
Por más que admitamos que no sirve para nada y que nos estamos enfermando con ello.

Entonces, ¿qué hacer?

Una primera estrategia es enfocarte en el aquí y ahora.
No rebusques en el pasado para echar culpas.
No escapes hacia el futuro para debilitarte con ansiedad.
Enfoca tu mente en lo que estás haciendo aquí y ahora.
Plenamente abierto a la situación presente y a nada más.
Toma conciencia de lo que escuchas, ves, hueles, etc.
Llénate del momento actual y no des a tu mente la chance de saltar hacia otro lugar.
Tu mente secuestrada por el EGO querrá salir del presente para traer malos recuerdos, o poblarte de temores por lo que podría pasar. No es necesario que pelees, ni que contradigas lo que estás pensando, solamente lo miras al pasar, sin esfuerzo, sin dedicar nada más que una rápida mirada y luego te vuelves a enfocar en el aquí y ahora.
Imagina que estás en una estación llena de buses, que salen, entran, van para todos lados, te llaman la atención con sus ruidos y movimientos. Pero ninguno de ellos es el que tú quieres tomar. Los ves pasar, te cuidas de no subirte a ninguno, ni de ser arrollado. Pero sí entras al que te llevará a tu destino, y solo a ese bus. Es el que dice “tiempo presente a pleno”.
Por supuesto que no será fácil al principio, porque no tienes el entrenamiento, aunque sí estás experto en desviarte con malos pensamientos, preocupaciones y otras cosas negativas. Por mucho tiempo has experimentado lo que no es bueno para ti, y por eso te cuesta tanto dejarlo. Entonces, te obligarás a encontrar el bus que te sirve y a subir solamente a él. Te entrenarás en ello, poniendo toda tu dedicación y voluntad. Luego de varias repeticiones se irá haciendo cada vez más fácil, porque estarás formando el hábito bueno que juega a tu favor.
Si tropiezas y haces lo que estás acostumbrado a mal hacer, no te condenes por ello. Simplemente date cuenta, perdónate, y luego enfócate en continuar el buen entrenamiento para hacerte amo de tus pensamientos.
Sé paciente y quiérete, es necesario.

También ten en cuenta que las cosas malas suceden y que tu preocupación no las evita, sino que puede agilitarlas o creerlas.
Entonces, teniendo asumido que tu magia mental no controla el “destino”, habiendo asumido que el sufrimiento, el fracaso, la pérdida, lo que sea que te dolerá puede ocurrir; verás que es más sencillo fortalecerte y seguir adelante.
Lo malo sucede, la impotencia es un hecho habitual y del cual no tenemos escape en tanto habitamos este mundo de limitaciones. Pero debes saber que tú eres mucho más que este cuerpo y las cosas que están pasando en este mundo. Tu esencia es una chispa Divina, eres parte de la eternidad. Todo lo de este mundo pasa, pero ese Yo Esencial, el espíritu, permanece.
Ningún sufrimiento puede opacar la Luz del espíritu, por tanto, no será tu preocupación la que te dé fuerzas, sino la confianza en que a pesar de cualquier desastre siempre saldrás adelante.

También existe la creencia de que todo es para bien. Esto NO significa que todo es bueno, ni que el sufrimiento no existe. Sino que a fin de cuentas somos un pequeño punto en la eternidad, una partícula de polvo en el infinito del universo. Eso horrible que nos pasa está dentro de un inmenso esquema diseñado por el Creador que finalmente termina en bien. Lo podamos presenciar y disfrutar en esta vida, o no.
Entonces, ¿qué ganamos con la angustia y la preocupación?
Aceptemos los hechos como son.
Cuando tengamos el control, controlemos.
Cuando seamos impotentes, tratemos de adquirir contactos que nos fortalezcan.
Cuando no hay nada que podamos hacer, ni nadie que nos ayude, pasemos el mal trago con sufrimiento y la confianza de que finalmente algo bueno habrá de todo esto.

Pero para saber qué tanto control podemos tener de lo que está pasando será necesario que nos dejemos de preocuparnos y angustiarnos para tener la mente disponible para buscar alternativas, soluciones, la resolución del problema que estamos padeciendo o el que prevemos que ocurrirá.
Poner a trabajar la mente de manera práctica y eficiente generando opciones y oportunidades. Exprimiendo la creatividad para transformar el conflicto en una ocasión de crecimiento. Si luego de trabajar en ello no pudimos, o las soluciones no fueron efectivas. Es tiempo de aceptar la derrota, padecerla, navegarla y salir del período oscuro lo mejor que podamos, para estar renovados y en condiciones de crecer.
Sin preocuparnos, sino ocupándonos.

Por supuesto que conversar con el Creador, pedirLe ayuda, agradecerLe por todo, es una excelente actividad. Pero que no se convierta en una excusa para la pereza o la torpeza mental.
Esto seguramente te ayudará de muchas formas, una de las cuales es poner las cosas en perspectiva y no permitir que el EGO te ahogue en un vasito de agua.
Porque las preocupaciones nacen del EGO, no de la realidad.

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