Da ese dichoso paso de una buena vez

¿Te pasó que tenías para dar ese paso que te abriría nuevas posibilidades y no te animaste a darlo?

Detrás de esa falta de coraje se esconde por lo general el miedo.
Como ya hemos enseñado, éste es siempre imaginario, una expectativa de impotencia a futuro.

Diferenciamos el miedo del susto, así como también de la cautela.
El susto es la impotencia repentina, actual, presente.
Cautela es la evaluación racional de las posibilidades lógicas de que suceda una impotencia.
Miedo es la sumersión imaginaria en una impotencia inexistente.

De tanto adentrarnos en la fantasía del miedo, malgastamos las energías presentes, empobrecemos nuestra existencia y nos ponemos en situación de caer realmente en estado de impotencia; sea la que hemos imaginado o alguna otra que se produzca a causa de nuestro derroche de energía y mal enfoque en cuestiones inexistentes temidas.

A veces el miedo se apodera con tanta fuerza de nuestros recursos que nos asfixiamos en pánico, llenos de miedo al miedo. Incapacitados de respirar a nuestras anchas, mirar con confianza el entorno, sentirnos dueños de nuestra vida.
Todo porque la mente está secuestrada por emociones invasivas, que nos postran en impotencia para supuestamente prevenirnos de una impotencia imaginaria a futuro.

Con el miedo como argumento, nos negamos a dar ese paso necesario y que podría darnos una mejor experiencia de vida.
Sea proponer matrimonio, divorciarnos, negociar un aumento de sueldo, despedir a un empleado infiel, resolver un conflicto familiar, poner bien en claro los puntos al familiar agresivo, pedir al vecino que baje el ruido por la noche, cambiar de trabajo, cambiar de carrera a mitad de la misma, emigrar, volver a la patria, aplicar a un empleo, dar un concierto para el público, dictar una conferencia, entre tantos pasos que sean necesarios dar.

Una pequeña semilla negativa fue plantada en nuestra mente, y en algún momento la regamos, le dimos abono, la cuidamos de tal manera que se convirtió en un extendido bosque oscuro y siniestro. Estamos llenos de pensamientos negativos, en verdad no son pensamientos sino creencias. Desde las catacumbas del Sistema de Creencias se nos impone la máscara del fracaso, de la incapacidad, de la humillación Por tanto, nos negamos a avanzar, siquiera un pasito en la dirección correcta. Porque de alguna manera deliramos que estando encerrados en la zonita de confort, estamos realmente confortables y a salvo de la impotencia imaginaria. Como cuando somos niños y tenemos miedo a algún cuco, entonces nos tapamos la cabeza con la sábana, como si esa frágil tela tuviera la fortaleza de mil escudos de vibranio. Pero todo está en la mente, encarcelada la razón en la celdita mental.

Pero, ¿qué pasaría si en lugar de enfocarnos en la voz mentirosa del miedo dejamos la mente en blanco?
¿Qué pasaría si actuamos en eso que precisamente hemos evitado y no hay motivo racional y lógico para ser precavidos?
Es como ver que la piscina tiene agua, suficiente como para no rompernos la cabeza con el fondo, y entonces, en lugar de imaginar todo tipo de desastres dejamos de dar vueltas y negarnos para en realidad saltar a la pileta.
Dejar de escapar del miedo y enfrentar la situación; sin elaborar estrategias a futuro, sin estar planificando las jugadas posibles una y otra vez pero sin mover las piezas. Hacer lo que tenemos para hacer y cuando se produzca la nueva situación, entonces evaluarla y enfrentarla de acuerdo a cómo podamos en ese momento.

En vez de pelear contra fantasmas y siempre salir perdiendo, confrontar la realidad para irla surfeando según se presente.
Haciendo así, el miedo desaparece, porque ya no estamos proyectando nuestra impotencia hacia el futuro, sino que estamos aplicando nuestro poder en el presente.
La creencia de fracaso se mitiga, los problemas por la indecisión se reducen, para quedar solamente el momento presente en toda su plenitud.

Cuando damos el paso, sin enfocarnos en las palabras mentirosas del miedo, entonces habrá cambiado nuestra situación.
Podremos estar mejor o peor, pero estaremos siempre mejor que encerrados en la celdita mental que nos prohíbe cambiar.
Habremos ejercido el poder, cualquiera sea el resultado por ese ejercicio; que es una victoria por sobre la impotencia.

Pero si te sigue pasando que te paralizas, por favor NO te menosprecies por ello.
No te condenes poniéndote la etiqueta de fracasado.
No te creas las mentiras negativas que otros sembraron, o tú lo hiciste, llenándote de todas esas creencias debilitantes que te empobrecen.
Simplemente admite que este paso no lo has podido dar, que sigues enfocado en el miedo y no en la realización de tu poder. Es algo para arreglar, que puedes hacerlo. No es algo para desmoronarse y atrofiar el camino de la superación y el placer.

Y luego, deja de enfocarte en el miedo y deja la mente en blanco de excusas y mala onda.
Revisa que las condiciones básicas de seguridad estén dadas y da el paso, ya dalo de una buena vez.

Es una buena técnica imaginarse resultados positivos, el éxito, el triunfo. Acariciarlo en la mente, delinearlo, percibirlo, detallarlo y afirmarse en la victoria y solo en ella.
Tiene efectos positivos, bienvenida sea la imaginación activa positiva.
Pero el peligro con ella es que deja abierta una brecha para la resistente imaginación negativa, de fracaso, que sigue siendo el bosque tenebroso que ocupa la mayor parte de las imaginaciones de la persona. Sin embargo, no está mal sembrar imágenes positivas, de poder, de resultados beneficiosos. Aunque, ni bien aparezca el hábito de impotencia, el eco del miedo, las imágenes de fracaso, DE INMEDIATO parar ese carro y no seguirlo. NO dar un milímetro a la creencia oscura para que siga fortaleciéndose y dominando.
Recuerda que solo puedes procesar una idea a la vez, por tanto, no des lugar a las creencias nefastas. Llena tu pantalla de imágenes de triunfo, de posibilidad, de confianza, de conexión con el Creador y Su amparo infinito.
Tener la capacidad de soñar pero para que sea aliciente para dar el paso, y no una excusa más para seguir atrapado por la oscuridad que mata.
Gozar con haber vencido el miedo, haber quebrado la cadena que te mantenía en estado lamentable. Y con eso recobrar el poder para triunfar en los hechos.
Dar el paso necesario para el disfrute y la libertad.

¿Te animas a hacerlo?
¡Anímate!

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