El camino para el éxito

El salmista mientras canta nos enseña del mundo espiritual:

«טוֹב־וְיָשָׁ֥ר ה עַל־כֵּ֤ן יוֹרֶ֖ה חַטָּאִ֣ים בַּדָּֽרֶךְ :
יַדְרֵ֣ךְ עֲ֭נָוִים בַּמִּשְׁפָּ֑ט וִֽילַמֵּ֖ד עֲנָוִ֣ים דַּרְכּֽוֹ:
כׇּל־אׇרְח֣וֹת ה חֶ֣סֶד וֶֽאֱמֶ֑ת לְנֹֽצְרֵ֥י בְ֝רִית֗וֹ וְעֵֽדֹתָֽיו :

Bueno y recto es el Eterno; por eso Él enseña a los extraviados el camino.
Encaminará a los humildes en la justicia y enseñará a los humildes su camino.
Todas las sendas del Eterno son misericordia y verdad para con los que guardan su pacto y sus testimonios.»
(Tehilim/Salmos 25:8-10)

Repetimos sin cansarnos que la senda sagrada es aquella que andamos con pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia.
Tal es el camino del constructor de SHALOM.

No es nuestro parecer, ni una creencia vacía.
No es lo que propone una religión, o un método para engañar al público y hacernos con el poder.

Sencillamente es lo que el propio Eterno se encarga de instruirnos para que hagamos.
Porque todos los preceptos quedan resumidos en actuar como un constructor de SHALOM.

Se hace para dentro, consigo mismo; también para fuera, con otras personas, otras criaturas, la creación completa.
Entonces se está colaborando para alcanzar la plenitud, la armonía, el mejor nivel al que puede aspirar el humano.

Sin embargo, este mensaje sagrado y eterno no atrae al gran público.
La masa prefiere discursos encendidos, llenos de emotividad.
Les encanta que les digan que son culpables y merecen castigos, pero que de alguna forma mágica pueden conseguir alegría y salvación. Buscan sentirse culpables, buscan el castigo, con desespero se suman a cualquiera que los arrastre por el piso y los maltrate, siempre y cuando esto venga acompañado de maravillosas promesas de obtener fabulosos premios.
Esta psicología retorcida la conocen perfectamente los mercaderes de la fe, y por eso arman sus shows con total premeditación para darles al público lo que éste quiere.
Todo lo que sirva para esclavizar a su audiencia, para obtener sus dineros, para mantenerlos atontados y dando de su poder para el gozo y disfrute del mercader de la fe de turno.

Cuando el mensaje es claro y puro, nada de ese espectáculo bizarro es necesario.
Ni que te arrodilles ante los clérigos mendigando salvaciones, ni que ruegues a poderosos seres para que te rescaten del infierno, ni tampoco que andes cantando como necio y bailoteando como si te fallara entendimiento.
El Eterno y los que Le representan lo han enseñado y no variaron su enseñanza, lo que Él te propone como vía de perfección es la construcción de SHALOM.
Pensar, hablar y hacer lo que es bueno y justo. Cumplir con las reglas del código ético/espiritual, que para los gentiles contiene siete mandamientos en tanto que para el pueblo judío son 613 reglas. Así estaremos logrando lo mejor de nosotros mismos, conectándonos de verdad con el prójimo y con el Creador.

Queda en ti hacer caso a los pastores de las religiones, incluso a aquellos que se disfrazan como lo que se supone es judío; o hacer caso a Dios y por tanto vivir como constructor de SHALOM.
Maneja tus opciones y luego no te quejes.

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