Shelaj Lejá 5779

Vamos a conocer los temas principales de nuestra parashá:

Dios había prometido a los israelitas que los llevaría a una tierra estupenda, para vivir seguros y con abundancia de todo lo bueno. Era la tierra de los antepasados, la que formaba parte de un compromiso del Creador con la familia de Israel. Hacía allí se dirigían, porque ese era el objetivo de haber sido rescatados de la esclavitud de Egipto. En los dos años pasados desde entonces no faltaron los milagros que acompañaban a los israelitas, los que podían confirmar una y otra vez la participación del Eterno en sus vidas, el infinito poder que maneja, la lealtad de Su Palabra. No había razón para sospechar de Él y de la verdad de Su promesa, sin embargo la debilidad de algunos de ellos les impedía confiar, por ello insistieron en que querían evidencias de que la tierra que habitarían era tal y como les habían prometido, querían estar seguros de que podrían entrar en ella y adueñársela. Por ello Moshé envió doce exploradores, uno por tribu (excepto de Leví) con la misión de recabar información de todos los aspectos de la tierra y sus habitantes. Retornan tras cuarenta días de recorrido, trayendo con ellos higos, dátiles y racimos de uvas enormes. Es cierto lo que les habían dicho, era una tierra espectacular, maravillosa, llena de abundancia. Como prueba estaban los frutos que traían, de tamaño y peso descomunales. Esto que debería servir para calmar las inquietudes y llenarlos de alegría, fue usado para lo contrario, para promover la insatisfacción y la rebeldía pues diez de los doce exploradores clamaron que era imposible la conquista de la tierra. Ese desaliento y molestia se esparce como un ánimo de desesperación y descreimiento hacia Hashem por el resto del pueblo. Ante esta tergiversación de los hechos, dos de los viajeros (Calev y Ieoshúa) intentan hacer recordar a las personas que si el Eterno está con ellos, nada hay para temer. Él promete y cumple.
Sin embargo, la debilidad emocional es más intensa que el razonamiento. No es coherente el pensamiento, pues ha sido secuestrado por las emociones perturbadas, lo que lleva a enojarse más e inventar excusas y justificaciones para oponerse a Dios y aumentar la visión de fracaso.

Algunos entre el pueblo gritan llenos de impotencia, se quejan diciendo que es preferible morir allí mismo o retornar a Mitzraim, antes de continuar hacia la imaginada ruina total. Dios está por castigarlos severamente, pero ante los ruegos de Moshé no lo hace. Sin embargo, el castigo es terrible: ellos permanecerán todos los días que les restan de vida en el desierto, allí deambularán durante cuarenta años. Lo que no había sucedido con el pecado del becerro de oro, que fue un terrible acto de rebeldía e idolatría, sucede ahora, con este pecado de desconfianza en el Eterno y desagrado por habitar en la tierra de Israel. En aquella ocasión Moshé logró obtener el perdón para la mayoría de los culpables, en tanto que ahora la condena se haría efectiva y por tanto, los que tanto clamaron que era preferible morir en el desierto, allí mismo morirían. Cada nueve de Av desde entonces hasta cumplirse cuarenta años en el desierto, miles y miles de hebreos fallecerían como consecuencia del pecado causado por los Merraglim.
Sin embargo, al poco rato de escuchar cual sería el castigo, un grupo de hebreos, desoye esta orden divina y emprenden la conquista de la tierra, sin contar con el permiso y colaboración del Eterno. Son advertidos por Moshé para que así no hagan, pero no lo oyen, y rápidamente son exterminados por los ejércitos enemigos que los estaban esperando en la frontera.
La Torá pasa a otro tema que parece que no está relaciona, porque, a pesar de que tendrán que pasar casi cuatro décadas sin entrar a la tierra de Israel, igualmente ahora Dios los instruye sobre mandamientos que deben cumplirse exclusivamente viviendo en Israel. Según enseñan los Sabios, Dios hace esto adrede, para mitigar el dolor del pueblo, porque les está diciendo que Él sabe que finalmente entrarán a Israel, vivirán allá, podrán cumplir con los preceptos de la Torá en la tierra de santidad. Es una forma de mitigar la penuria, ya que pasado el período de castigo, éste terminará y podrán seguir adelante, en una nueva y mejor etapa.
La parashá también nos relata de un hombre que recogía leña en Shabbat y por ello es condenado a muerte. Suena muy drástico que ésta sea la consecuencia por un hecho tan banal, y requiere que sea explicado con claridad, pero no es ésta la oportunidad.

Finaliza la parashá con las leyes de los Tzitzit, que sirven para que al ver la franja violeta-púrpura recordemos las mitzvot y que Dios nos sacó de Egipto.

¡Les deseo a ustedes y familias un Shabbat Shalom umboraj!

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