Vencer al miedo

Enseñamos muchas veces que el miedo es la espera de una imaginaria impotencia futura.
No tiene realidad actualmente.

Sin embargo, sus efectos pueden ser devastadores en el presente, porque:

  • se está derrochando energía inútilmente,
  • se niega la persona a ciertas acciones que quizás se desean o sean positivas,
  • sumerge a la persona en imaginaciones restrictivas que no tienen base real.

Entonces, la persona cautivada por su miedo queda empobrecida emocional y mentalmente, limitada en sus conductas, perdiendo oportunidades, reduciendo su placer, controlando desmedidamente lo que no es necesario controlar pero dejando descontrolado aquello que debiera estar sujeto.

En resumidas cuentas, nada bueno se rescata de la experiencia del miedo.

Y, repetimos nuevamente, el miedo no es el susto ni tampoco es la cautela.
Tanto el susto como la cautela tienen valor, su función es necesaria para cuidar de la persona y sus relaciones.
A diferencia del miedo, que nada cuida y todo lo que toca perjudica.

También enseñamos muchas veces que el miedo (que básicamente es uno solo) tiene cinco ramales, cada uno correspondiente a alguna de las dimensiones que forman al ser humano:

  • físico-material: lesiones, enfermedades, accidentes, agresiones, invalidez, etc.
  • emocional: a sufrir, soledad, abandono, etc.
  • social: fracaso, miseria, anonimato, desprecio, humillación, etc.
  • mental: torpeza, pérdida de capacidades, pasar por tonto, no hacer bien las tareas, etc.
  • espiritual: a la muerte, la oscuridad, las cosas metafísicas, supersticiones, etc.

Ciertamente, hemos trabajado montón de veces el asunto del miedo, porque es absolutamente relevante.
Ahora, tras este repaso, daremos algunas pocas ideas para superar las redes viscosas del miedo:

  1. Aceptar que se tiene una dificultad y por eso el miedo está presente.
    Entiéndase bien, la dificultad primaria NO es el miedo, esa es secundaria.
    La que da origen es la dificultad de no saber valorarse, no confiar en el Creador, no conocer los propios potenciales, confundir las apreciaciones de uno mismo y de las circunstancias, etc.
    Es decir, tenemos miedo porque estamos interpretando incorrectamente.
    Si estuviéramos contemplando con objetividad y poder emocional, veríamos que tener miedo no aporta en nada a estar mejor.
    Si captamos que en el futuro tendremos inconvenientes, no es temiendo que estaremos resolviéndolos o evitándolos.
  2. Generar al menos tres alternativas.
    Si el miedo es imaginar una impotencia, entonces es necesario que te tomes el trabajo de generar tres ideas alternativas posibles para escoger y realizar.
    No te quedes con una o con ninguna, tampoco con dos; que sean al menos tres.
    Pon a funcionar tu creatividad, incentiva tu parte del cerebro lúdica, no te quedes con los “no puedo”, construye caminos que te lleven a mejores lugares que la oscura prisión del miedo.
  3. Actitud positiva.
    En una mente positiva es más difícil que prendan las malas emociones.
    Obviamente que una actitud asertiva no es suficiente para conseguir avanzar, estabilidad, etc.; pero sin ella todo se hace mucho más cuesta arriba.
    Ten presente que tu actitud, sea positiva o negativa, se expande y contagia a tu entorno, y también hace vibrar otras partes de tu ser.
    Si piensas que “nadie me quiere”, “el destino siempre en mi contra”, “todo es horrible” y cosas de esa tonalidad, ¿cómo esperas disfrutar y ser un triunfador?
  4. Haz TU parte.
    Infinidad de veces los resultados no dependen de tus acciones, tampoco de las mías, ni del vecino. Porque uno pone lo mejor de sí en la tarea, se esfuerza, aprende, se entrena, hace las cosas como indica el manual, es súper genial, pero al final una cosita salió mal y todo se descalabró.
    Así que, tú haz tu parte con toda la buena onda, con conocimiento, con aplicación, siendo responsable, comprometido con lo que te toca realizar. Tú entrega el 100% a lo que es tu deber y confía en que los otros harán igual. Al final, nunca sabemos el resultado de las cosas hasta que éstas se dan.
    Toma en consideración que a veces hacer tu parte también implica alentar a los demás, motivarlos, comprometerlos en su parte de la tarea… ¡pero no agarres mochilas que no te pertenecen!
  5. Juzga el hecho no a la persona.
    Es común que si uno mete la pata ya se le cuelgue el cartel de “inútil”, “mal trabajador”, “mal amigo”, “poco dedicado”, “tonto”, etc.
    Y al revés también puede que suceda, si es uno que hizo un gran trabajo entonces es “genial”, “empleado modelo”, etc.
    El consejo que te doy es que no hagas esto, sino que solamente juzgues la acción concreta y no generalices, ni contigo ni con nadie.
    Una vez te caíste de la bici, no quiere decir que eres un tarado, sino que una vez tuviste un accidente.
    Una vez metiste el gol en el arco equivocado, ni quiere decir que eres un tarado, sino que tuviste un lapsus momentáneo.
    Una vez sacaste el premio mayor de la lotería, no quiere decir que eres un tipo suertudo, sino que esa vez sacaste el premio mayor.
    Entonces, no eres fracasado si fracasate, tampoco eres una súper estrella si tuviste un éxito; todo en su medida equilibrada.
    Por supuesto que tampoco hay que ser naif y es de inteligente darse cuenta de que las personas pueden tener una tendencia habitual en su conducta, o sea, alguien que generalmente roba si te descuidas no es para que dejes el fajo de billetes ahí a la vista y salgas a pasear. Pero tampoco para que lo acuses sin pruebas si el fajo desapareció y no tienes idea qué fue de él. ¿Se entendió?

Ve como aplicar estos consejos a mejorar tu respuesta cuando te atrape cualquier miedo.
¿Después me cuentas?
Gracias.

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