Lo que impurifica y lo que purifica

Todo el ritual de la “vaca bermeja” es incomprensible, y está bien que así sea.
No es un mandamiento racional, sino que compete exclusivamente a la Sabiduría Divina, inaccesible para la capacidad humana.
Sin embargo los sabios maestros de diferentes épocas nos enseñan multitud de cosas a partir de lo poco que se puede comprender del asunto.

Por ejemplo, la persona pura implicada en el ritual de purificación del impuro por contacto con cadáver pasa a estar impura ella misma.

«Luego el sacerdote lavará sus vestiduras y lavará su cuerpo con agua. Después entrará en el campamento, aunque quedará impuro hasta el anochecer.»
(Bemidbar/Números 19:7)

¿Que podemos aprender de este aspecto tan paradójico?

Una de las moralejas es que ni el cadáver impurifica, ni el ritual de la “vaca roja” purifica, sino que es una decisión del Creador y no un efecto necesario de alguna acción humana.
Ya fue establecido por los Sabios claramente, por ejemplo en Bemidbar Rabá 19:8:

לֹא הַמֵּת מְטַמֵּא וְלֹא הַמַּיִם מְטַהֲרִין, אֶלָּא אָמַר הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא חֻקָּה חָקַקְתִּי גְּזֵרָה גָּזַרְתִּי אִי אַתָּה רַשַׁאי לַעֲבֹר עַל גְּזֵרָתִי

Otra enseñanza: aquel que trabaja generosamente por el bienestar del prójimo tiene que saber que podrá estar en situaciones no muy cómodas para sí mismo, que se pondrá en circunstancias fuera de su zona de confort, y sin embargo tendrá que tener la voluntad y el compromiso para hacerlo.
Esto no quiere decir hacer cosas alocadas con la excusa de beneficiar a otros, ni ponerse en riesgos que son evitables, o cosas por el estilo. Pero sí tener bien en claro que el favorecer a otros, puede llevar a estados de inestabilidad y hasta de pérdidas personales.
Finalmente hay un Juez que pone orden y no quedan deudas por pagar. Sea en este mundo o en el preferible, que es el de la eternidad.

Una enseñanza más: para que nos quede bien presente que no es el sacerdote el que purifica, ni que dependemos de soluciones mágicas implementadas por ministros religiosos, o que de alguna manera el clérigo tiene poderes superiores; sino que simplemente el cohén está cumpliendo con las funciones que Dios le ha asignado. No está por encima de la persona del pueblo, no maneja poderes místicos ocultos, no depende de él la solución de los problemas de las personas.
¡Qué gran diferencia con la mente religiosa y supersticiosa!

Ahora queda pendiente que tú puedas aplicar estas lecciones a tu vida cotidiana.
¿Sabes qué y cómo?

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