Eres uno con el Uno

Es costumbre muy antigua que nos tapemos los ojos con la mano derecha (si podemos físicamente) cuando al estar rezando decimos la frase “Shemá Israel H’ Eloheinu H’ Ejad” (Escucha Israel, Dios nuestro Elohim, uno y único es), y la siguiente que se pronuncia casi todo el año en voz baja.

Se han dado muchas razones, las cuales son muy variadas e interesantes ciertamente.
Quizás nosotros mismos hemos compartido en todos estos años de enseñanza abierta, gratuita y pública algunas de ellas, pero ahora quiero hacerlo con una muy profunda y que activará tu bienestar si la interiorizas en tu mente y alma.

La separatividad es una percepción distorsionada de la realidad que se produce al estar entorpecida nuestra recepción de la conciencia espiritual.
Esto significa que todo lo que existe en verdad es parte indivisible de una unidad.
Dios es uno, nosotros somos uno en Él.
Al vivir en este mundo denso, material, limitado, pautado por el espacio y el tiempo, es que la conciencia de lo espiritual queda semi bloqueada y por tanto somos incapaces de penetrar en esa verdad esencial, que es la unidad del Todo.
Todo del cual somos parte.

Imagina una fogata que ocupara toda la realidad, tanto en tiempo y espacio. Cada mínima chispa de esa fogata es parte de esa fogata, no tiene una identidad propia y separada, aunque se sienta chispa y no fogata.
Imagina al océano, formado por infinidad de gotas, las cuales pueden delirar que cada una es una sola, pero en verdad no deja de ser el océano que se cree dividido y separado.

Así somos nosotros, creyéndonos y sintiéndonos ausentes del Todo, individuos, separados, en conflicto, enemistados, quebrados, desconectados.
Así nos comportamos, llevados por este Sistema de Creencias.
Así explicamos tanta miseria que nos provocamos.
Es una razonable consecuencia de vivir en este mundo de limitación, el del espacio y tiempo.

Pero cuando elevamos nuestra captación de la conciencia de lo espiritual, eventualmente llegamos a iluminar nuestra mente y alma y tener la concepción correcta, somos chispas del Eterno, somos uno con el Uno.

Entonces, al proclamar la unidad y unicidad de Dios en la recitación sagrada del Shemá, tapamos los ojos para no dejarnos llevar por la percepción corrompida de nuestro sentido principal y que nos suele provocar a desvíos.
Nos concentramos en las palabras sagradas, nos compenetramos en el sentido de la unidad y unicidad, escuchando nuestra plegaria y si rezamos en comunidad escuchando a los otros presentes pronunciando la misma convicción de unidad y unicidad.
Estamos participando de la experiencia de por un instante despojarnos de lo que nos separa para ser parte de lo que en realidad somos, la esencia del infinito que está pasando un rato en este mundo de las limitaciones.

La frase que acompaña al Shema y que casi siempre decimos en voz baja es: “Baruj Shem kevod maljuto leolam vaed” (Bendito el nombre de su glorioso/honorable reinado eterno y ubicuo”) que nos remite directamente al pasaje sagrado profético:

«¡Toda la tierra está llena de Su gloria!»
(Ieshaiá/Isaías 6:3)

Sobre lo cual el Tikunei Zohar (122:2) explica:

“No hay un lugar vacío del Elohim”

Tal cual, cada partícula del universo, cada instante del mismo es una manifestación del Eterno.
Estamos sintiéndonos separados y en conflicto, y es solamente parte de la percepción distorsionada de la realidad última.

Y claramente, sin palabras rebuscadas el profeta de la Verdad lo dice como boca de Dios:

«¿Acaso soy yo Elohim de cerca, y no Elohim de lejos?, dice el Eterno.
¿Acaso podrá alguien ocultarse en escondrijos para que Yo no lo vea?, dice el Eterno.
¿Acaso no lleno Yo el cielo y la tierra?, dice el Eterno.»
(Irmiá/Jeremías 23:23-24)

Al comprender la verdad de la conciencia espiritual, al asumirnos como gotas del océano, chispas de la LUZ, entonces podemos dejar de lado la enemistad, la pelea, la división y trabajar para la construcción de SHALOM.
Esto es, que seamos todos conscientes de nuestra unidad y unicidad, por medio del acciones de bondad y justicia.

Pero es solo una fugaz ráfaga de comprensión el descubrir que no hay límites para nuestra esencia, porque pronto necesariamente volvemos a la estrecha mirada de este mundo. Está bien que así sea, estamos pasando por este mundo y sometidos a sus leyes.
Por eso abrimos los ojos y continuamos con la recitación sagrada del Shemá, que nos recuerda que amemos a Dios, que tengamos presente Sus palabras, que las enseñemos a nuestros hijos y etc.
Es decir, que nos acomodemos a vivir nuestros años de existencia terrenal con la conciencia espiritual, para llevar adelante todo lo que podemos de la elevación del mundo físico hacia la trascendencia.

En palabras del Talmud:

“Así como el Santo, Bendito sea, llena el mundo entero, así también el espíritu llena todo el cuerpo.
Así como el Santo, Bendito sea, ve pero no es visto, así también el espíritu ve, pero no se ve.
Así como el Santo, Bendito sea, sostiene al mundo entero, así también el espíritu sostiene al cuerpo entero.
Así como el Santo, Bendito sea, es puro, también lo es el espíritu puro.
Así como el Santo, Bendito sea, reside en una cámara dentro de una cámara, en su santuario interior, así también el espíritu reside en una cámara dentro de una cámara, en los recovecos más íntimos del cuerpo.
Por lo tanto, lo que tiene estas cinco características, el espíritu , debe venir y alabar al que tiene estas cinco características.”
(Berajot 10a)

Espero que esta enseñanza te sea provechosa y de bendición, la entiendas y la asumas y que por supuesto la agradezcas y compartas con otros, mencionando de donde la conseguiste.
Y si quieres ser más proactivo en la manifestación de la Unidad, danos tu apoyo económico que es muy provechoso en continuar la sagrada obra: http://serjudio.com/apoyo
Esto solamente te traerá enormes beneficios en este mundo de materialidad así como en la vida eterna del más allá.

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