La clave para la prosperidad y felicidad

Problemas matrimoniales, ansiedades, hipersensibilidad, trastornos de la alimentación, fertilidad y embarazo, falta de enfoque profesional, problemas de salud, amargura, no encontrar sentido a la vida, soledad, terrores, dificultades para dormir, conflictos laborales, obstáculos en la relación con los familiares y más.
¿Te parece alguna de ellas conocida?

Por supuesto que cada una de ellas se presenta de manera diferente, podemos enfocarlas desde diferentes perspectivas, pero cuando vamos estudiándolas nos encontramos con un aspecto básico en común.
Todas ellas son manifestación de la falta de poder.

Allá, en el fondo, detrás de cada angustia, dando vida al miedo, provocando tensiones, siempre encontramos la falta de poder, sea real o imaginado, y las torpes reacciones que desde el EGO pretenden sobreponerse a ello.

Cuando no estamos entrenados y no hemos desarrollado nuestra inteligencia espiritual-emocional, ante la aparición de la impotencia, sea real o imaginaria, se disparan algunas de las reacciones automáticas del EGO, que son instintivas, que son irracionales: llanto, grito, pataleo, desconexión de la realidad que nos hace sufrir.
A esto se le van sumando reacciones que fuimos adquiriendo y convirtiendo en hábitos, que también suelen ser poco eficaces para resolver las situaciones de impotencia y por lo general aumentan el malestar y la falta de resolución.
Y por si fuera poco, también se añade la tramoya del Sistema de Creencias, que nos impide vislumbrar adecuadamente los sucesos, que nos fabrica interpretaciones distorsionadas de los sucesos, que nos hunde en creencias y sentimientos de fracaso y poca capacidad resolutiva.

Entonces, movidos por estas conductas poco útiles, nos encontramos de pronto sumergidos en una mayor impotencia, porque a la que primero reaccionamos se ha sumado la siguiente, la que viene como efecto de la reacción desde el EGO. Por supuesto que esto no termina ahí, sino que se va incrementando la vivencia de sufrimiento, el sentirse invadido por la impotencia y así hasta el agotamiento.

Si logramos quebrar esta reacción inicial tóxica y en su lugar respondemos con inteligencia espiritual-emocional, entonces con mucha mayor simpleza desactivamos la bomba destructiva del EGO.
No nos permitimos deslizar por el tobogán que nos lanza al abismo de reacciones y efectos tóxicos, y por el contrario construimos una respuesta saludable, de SHALOM.

Cada uno es un mundo, nuestras subjetividades son diferentes, sin dudas.
Pero estamos ante una trama muy primitiva, incrustada en la naturaleza humana (e incluso de otros animales), que no depende de nuestra voluntad o parecer, sino que es parte de lo que somos en este mundo.
Igualmente, tenemos las herramientas para impedir, en gran medida, el dominio del EGO y por ello llevar una vida más satisfactoria y menos sufrida. Aunque nuestra condición humana nunca la perdemos, por más entrenados y expertos seamos en la teoría y práctica del Coaching Espiritual.

Para conseguir este dominio parcial sobre el EGO, tenemos que recordar que somos NESHAMÁ, un espíritu, chispa de Divinidad, el Yo Esencial que está viviendo una vida transitoria en este mundo, por lo que estamos encarnados en un cuerpo por sobre el cual se construye el Yo Vivido, a partir de las experiencias, recuerdos, creencias, sensaciones, reacciones, etc.

El Yo Esencial es la fuente de inspiración, ideas, intuición, vitalidad, entusiasmo, voluntad, conexión, creatividad, unión, amor.
En tanto que el Yo Vivido es lo que podemos ir haciendo con lo que nos pasa, el resultado de nuestras reacciones y respuestas a nuestras vivencias.
Si pudiéramos sincronizar el YV para que manifestara al YE, estaríamos disfrutando de una vida en paz, armoniosa, agradable… aunque en la materialidad estuviéramos en carencia, enfermos, abandonados, etc.

Porque, entiéndelo bien, no nos hace sufrir lo que nos pasa, sino aquello que interpretamos que nos pasa y lo que construimos mentalmente a partir de ello. Los sentimientos que generamos, las creencias que asumimos, los mandatos inconscientes que cumplimos, etc.

Cuando conectamos nuestro YV al YE, estamos poniéndonos a ser quien auténticamente somos.
¿Se comprende el concepto?

El Yo Esencial es parte del infinito, es una chispa del Todopoderoso, está conectado a la fuente de toda la existencia y su lenguaje es el del AMOR.
A diferencia del EGO, que es limitación, reacción egoísta tratando de sobrevivir, separatividad, oportunismo.
Por ello, cuanto más vivimos de acuerdo al EGO, más ocultamos nuestra NESHAMÁ, menos amor y justicia hay en nuestra vida, más débiles nos sentimos. Es paradójico, el instrumento natural para reaccionar a la impotencia es lo que nos pone en estado de impotencia.
Nos invaden sus imágenes negativas, nos hace decaer el ánimo, nos llena de creencias oscuras, nos llena de miedos, nos limita… siempre con la excusa de que está haciendo lo que es mejor para nosotros, para sobrevivir.
Esas ideas corrosivas dominan la conciencia, se transforman en verdades en nuestro interior.
Por ello nos resulta extraño que nos hablen de la NESHAMÁ, que nos indiquen que el camino de la inteligencia espiritual-emocional puede proveernos de verdadera dicha y salud. Porque, nuestra mente está confundida, entreverado el bien con el mal, llena de pantallas que ocultan la claridad que proviene de la LUZ que somos, de la NESHAMÁ.
¿Se entiende?

Estamos atrapados en la celdita mental, envueltos en una telaraña que otros nos tejieron cuando nos llenaron de sus creencias y mandatos, pero también hemos nosotros ayudado a construir.
Y cada vez que seguimos reaccionando desde el EGO, estamos poniendo un hilo pegajoso más a esta red de confusión y malestar.
Con ello perdemos la conciencia de nuestra dimensión espiritual, nos olvidamos de la torpeza y toxicidad de las religiones que se imponen en lugar del verdadero sendero que es el de la espiritualidad.
También andamos trastornados con el tiempo, aquejados por culpas del ayer, atormentados por temores del mañana, y por ello paralizados de hacer una vida plena en el presente.
Realmente, una celdita mental que nos tiene atados y limitados.
Cuando esa celdita tiene barrotes de humo y la puerta ni siquiera tiene pasada la llave.

Por supuesto que la mayoría de nosotros no somos conscientes de este proceso al principio, sólo sabemos que algo está mal, hay frustración e insatisfacción, de repente estamos teniendo mal humor, miedos, envidia y vaya uno a saber cuantas conductas poco adaptativas más.

De repente nuestro trabajo no nos satisface, perdemos interés en general, concluimos que nuestro compañero no es realmente atractivo y cariñoso como solía ser, nuestros amigos nos aburren y hay una sensación de que no tenemos suficientes motivos para alegrarnos, nuestra casa no nos agrada, nos apena nuestro cuerpo, ese mismo cuerpo que nos señala de varias maneras que algo está mal.
¿Te suena alguna de estas cosas?
¿Te das por aludido?

Entonces se nos impone el Sistema de Creencias, nuevamente, y pretendemos que la felicidad depende del mundo exterior, de la materialidad, de poseer. El otro es culpable de nuestra insatisfacción: nuestros padres, pareja, amigos, hijos, jefe, empleados, el conductor del bus, el presidente… ¡todos!
La vida es injusta porque si tuviéramos otro compañero, mejores amigos, padres más ilustres, políticos menos corruptos, qué sé yo, entonces las cosas estarían mejor.
Y cuando ponemos en el otro la responsabilidad de hacernos felices, estamos condenados a ser infelices.

Cuando nos enfocamos en exprimirnos para mejorar el mundo material dejando de lado el mundo espiritual, nos estamos hundiendo más en el barro que nos causa el problema.
En vez de descubrir a nuestro Yo Esencial y acompasar nuestra existencia a su ritmo sagrado, nos desbarrancamos detrás de religiones, supersticiones, consignas políticas, consumismo, culpas, miedos, y un montón de otras cosas que nos van exiliando cada vez más de la solución.
Por ello, nos adentramos más en el sufrimiento.

La solución es reencontrarnos, despertar la conciencia, reconocernos como un Yo Esencial que está de travesía en este mundo y no quedarnos pegados al disfraz que es el Yo Vivido.
Entonces, no volver a caer en la somnolencia sino que dar los pasos necesarios para salir de la celdita mental y con ello ir recuperando el poder en nuestra vida.
Reconstruir el Yo Vivido para que se vaya pareciendo cada vez a la mejor versión de nosotros mismos, aquella que refleja al Yo Esencial.

Entonces y solo entonces, cuando nos asalten los típicos problemas de estar en un mundo de limitaciones, porque en el mundo material estamos sometidos a la impotencia casi constantemente, dejaremos de ser esclavos del EGO y podremos responder desde la NESHAMÁ.
Para lo cual, debemos retomar el contacto con ella, despegándonos del EGO y dejándolo en su mínima expresión para la cual fue creado en primera instancia.
Así seremos felices, sabios, bienaventurados.

Podremos prestar más atención a esa vocecita tímida de la NESHAMÁ, que solamente nos guía por el buen camino, en lugar de estar ensordecidos por el griterío descomunal que produce el EGO junto al Sistema de Creencias.
Calmemos los gritos, de fuera y dentro, aprendamos a calmar la mente.
Aprendamos a meditar, a la manera espiritual y no según las religiones y místicas supersticiosas.
Traigamos paz a la mente, para que estemos conscientes de la vocecita y con ella nos fortalezcamos.
Podemos hacerlo, claro que podemos.

Tenemos métodos para meditar que están arraigados en la Tradición, que nos conectan realmente con la LUZ y no con manifestaciones del EGO disfrazado de santidad.
Por eso, seamos cuidados, para que no volvamos a caer nuevamente en las trampas del EGO, pretendiendo salvarnos solamente tropezamos y caemos en peor posición que antes.

Aprendamos también Comunicación Auténtica, para conectarnos con el otro, pero también para despejar las nubes que rodean nuestro entendimiento.

Aprendamos a no aceptar las mentiras del EGO, porque éste nos cuenta historias terribles, de impotencia y sometimiento, haciéndonos creer que así será y es nuestra vida; pero en verdad, la realidad es mucho más amable.
Pero también nos engaña con cuentos de poder, de que tenemos más habilidades e influencias de las que realmente contamos. Nos llena de orgullo, de altivez, de soberbia, lo cual nos confunde y finalmente también tropezamos y caemos en la impotencia, terrible, duplicada.
Como sea, si fuera porque nos hace sentir débiles o superhombres, vayamos con cuidado, porque siempre hay un tropiezo doloroso en el camino del EGO.

Aprendamos a desarrollar nuestras verdaderas capacidades y a utilizar nuestro poder.
Especialmente haciendo acciones que beneficien a otro, sin esperar nada a cambio.
Esta manifestación del AMOR es un excelente antídoto para el mal que nos aqueja.

Aprendamos a no competir innecesariamente, a no discutir, a no querer tener la razón.
Aprendamos a vivir en paz con nuestra porción, a disfrutarla sanamente, sin por ello negarnos a progresar.
Aprendamos a gozar de lo permitido y saludable, en tanto nos alejamos de lo prohibido.
Aprendamos a confiar en el Creador.
Recemos, agradezcamos, pidamos.

Entonces, estaremos en unificación, en crecimiento, en armonía.
Así viviremos con deleite, aquí y en la eternidad.

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