No tendrás dioses de otros delante de Mí

“No tendrás otros dioses delante de Mí.”
(Shemot/Éxodo 20:3)

Una traducción alternativa y válida es aquella que dice: “No tendrás dioses de otros delante de Mí”.
Ésta sería la más clara intención del versículo, tal como voces sabias han dejado asentado en nuestra Tradición Oral.
Es decir, no ofuscar nuestra conexión con el Creador poniendo en medio, entre Él y nosotros, a dioses inventados por la imaginación humana.
Sino estar conscientes de que nuestro lazo es constante, imposible de ser quebrado, por tanto, es ridículo poner intermediarios, intercesores, ministros de enlace entre Él y nosotros. Es torpe adherir a religiones, que lo que se supone buscan es re-ligar al hombre con la deidad, porque ¡nunca se ha cortado esa ligazón entre Él y nosotros!
Pero claro, a las religiones les sirve hacerte sentir patético, débil, en pecado desde la concepción, incapacitado de ser completo a no ser que te adhieras a los mandatos de las religiones. Eso por supuesto no es más que trampas del EGO para mantenerte esclavizado, entorpecido, abrumado, angustiado, necesitado de la magia inexistente de las religiones y de los fantaseados dioses.
En concreto, no precisamos religiones, porque no solamente son inútiles, sino que son perjudicales en grado extremo.
Porque, cuando metemos gente, seres, cosas, fantasías en medio de nosotros, estamos perdiendo de vista nuestra identidad y la pureza de nuestra conexión.
Pero sí precisamos tener consciencia de la espiritualidad y vivir acorde a ella.
¿Se comprende?

Volvamos al párrafo del Decálogo.
Debemos comprender que aquellos israelitas lo oyeron directamente del Creador, allá en la Revelación en Sinaí. Esas personas estaban en su mayoría atrapados por el Sistema de Creencias que habían adquirido en Egipto, que era el enclave principal de las religiones, del politeísmo, de la esclavitud de personas y sociedades en base a negar la espiritualidad.
Aquellos liberados israelitas a duras penas llegaban a la claridad mental y emocional de sus antepasados, los patriarcas, en muchos aspectos. También en aquel que hace a no caer en los lazos tramposos de las religiones, o sea, de la idolatría.
Es por ello que el Creador no dijo en ese momento: “No creas en dioses ajenos”, porque tal frase hubiera sido incomprensible, inaceptable para los israelitas. Porque su mente estaba por completo tomada por el cáncer de la religión. Decirles que los dioses no existen, sino solamente como verdad para los que creen en ellos, era hablar en chino y sin diccionario para entenderlo.
¿Tú comprende esto?
¿Te pones en el lugar de aquellos israelitas para hacerte una idea de cómo estaba funcionando el Sistema de Creencias corrompido por el EGO y por la servidumbre a dioses y reyes egipcios?
¿Eres capaz de no juzgar amargamente a aquellos que no tenían ni los antecedentes, ni la educación, ni los medios para estar en una posición mucho mejor en lo que hacía a sus creencias?
Por supuesto que hoy día, 33 de siglos de experiencia y conocimiento más tarde se visualiza de otra manera. Además, el Eterno quito el afán apasionado del corazón del hombre por la idolatría. Y sin embargo, el mundo está colmado de adoradores del EGO que se representa en multitudes de dioses y creencias bizarras.

Es relevante este versículo, muy cercano en tiempo y en ubicación en la Torá:

“No adorarás sus dioses, ni los servirás, ni harás lo que ellos hacen; sino que los derribarás totalmente y harás pedazos sus pilares sagrados”
(Shemot/Éxodo 23:24)

Porque Dios sabe perfectamente que el corazón/mente de los hebreos estaría tentado por adorar los dioses inexistentes, solo vivos en la mente de sus adoradores. Porque a eso estaban condicionados por su Sistema de Creencias, que no se cambiaría milagrosamente en unos meses, ni siquiera años, ni tampoco en pocas generaciones.
Sería necesario un intenso trabajo, paciente, constante, comprensivo, flexible, duro, claro, que iría limpiando el daño del EGO en la mente/corazón de los israelitas. Los cuales, volverían a caer en las trampas del EGO, seguirían yendo detrás de las vanidades y adorando idioteces, porque estaban rodeados de la infamia de las naciones, porque estaban corrompidos por algunos pastores que eran astutos mercaderes de la fe. Sí, también en aquella época había, tal como actualmente.
Entonces, el Eterno sabía que la tarea titánica de limpiar el Sistema de Creencia de los judíos sería una empresa de largo alcance, tediosa, con altibajos, pero finalmente daría sus buenos frutos.

Mira uno de los momentos maravillosos de crecimiento, entre muchas caídas y retornos al error:

“Entonces Samuel habló a toda la casa de Israel, diciendo: Si os volvéis al Eterno con todo vuestro corazón, quitad de entre vosotros los dioses extranjeros y las Astorets, y dirigid vuestro corazón al Eterno, y servidle sólo a El; y El os librará de la mano de los filisteos. Los hijos de Israel quitaron los baales y las Astorets, y sirvieron sólo al Eterno.“
(1 Shemuel/1 Samuel 7:3-4)

Sí, tantos siglos más tarde seguían las dificultades, pero de a poco se iba mejorando.
Una y otra vez, con tropiezos y zozobras, pero se iba logrando lo que los gentiles no habían conseguido, ni la mayoría ha conquistado aún: la liberación de las religiones, abandonar a los dioses falsos (entre los cuales también se encuentra el usurpador que se hace pasar por el Eterno, pero no deja de ser otro payaso fantaseado producto del EGO del hombre).
Tenlo muy en cuenta, las naciones aún siguen en grandísima medida empedernidas en la idolatría, aunque la disfracen de monoteísmo.

Pero para los israelitas la claridad de la mente/corazón era cada vez más grande, hace 3000 años atrás:

“Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos,
          mientras que el Eterno hizo los cielos.“
(Tehilim/Salmos 96:5)

Tal cual, en ese momento, durante el reinado del espléndido David, ya estaba afianzándose con enorme fuerza el monoteísmo en la mente/corazón de los judíos.
Si conoces algo de historia del pueblo de Israel sabrás que unas décadas más tarde las diez tribus (perdidas) tuvieron un traspié muy grande, y a causa de torpezas políticas fueron introduciendo nuevamente la tontería idolátrica. No es casualidad que aquellas diez tribus sean las perdidas, sin embargo la tribu de Yehudá, Leví, Biniamín y los rescatados de las otras tribus sigamos existiendo. Será porque aprendimos a eliminar la toxina de la idolatría y ser empeñosos en mantenernos fieles al Creador y a nadie más.

En conclusión, un fascinante vistazo a la evolución de la especie humana, que va pasando de un miserable mico temeroso de los poderes, a un humano completo que reconoce su identidad sagrada y su conexión inquebrantable con Su Padre. Sin intermediarios, sin santos, sin patrones, sin la falsedad de las religiones.
Nos vamos haciendo más poderosos cada vez que avanzamos, no solamente en controlar el medio físico, sino cuando aprendemos a encaminar nuestra mente/cerebro para estar en sincronía con el código ético/espiritual.

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