Ganar al enojo

El enojo es producto de sentirse impotente.
Aquel que se sabe en control, aunque materialmente no tenga el poder, no tropieza con el enojo. Es decir, su mente domina aunque siente la falta de dominio fuera de ella.
Por lo tanto, responde en lugar de reaccionar.

Es normal sentir la frustración, apenarse, cuando las cosas no resultan como uno quiere o espera.
No hay nada de pecaminoso o enfermizo en ese sentimiento.
Pues es una señal de alerta de que estamos ante una situación de impotencia, real o imaginaria.
Por tanto, un momento de debilidad o indefensión, por lo cual tendremos que ver qué está sucediendo y cómo responder para salir indemne.

No es saludable reprimir esa advertencia con la cual nos ha dotado el Creador a través de la naturaleza.
Por el contrario, es necesario que la captemos, tomemos conciencia de ella y nos pongamos en campaña para hacer algo útil para resolver la situación.
Reprimir la señal, negarla, justificarla torpemente, no colabora en darnos estabilidad ni fortaleza, sino que conspira en contra de nuestro bienestar.
Por tanto, si te sientes enojado, ¡reconócelo!
Pero por favor, domina tu reacción para que puedas darte tiempo para la respuesta asertiva.

Entonces, advertido de que algo está pasando, tendrás la oportunidad de tomar cartas en el asunto, sin caer en el pozo del malhumor, la reacción desmedida, el grito, el insulto, el golpe, la huida destemplada, la excusa que todo lo empeora, etc.
Cuando te sientas enojado, aprovéchalo como una chance que te da la vida para que aprendas de ti mismo y con ello puedas crecer.

Y, si por una de esas cosas te has tropezado y dado una paliza a causa del enojo.
Reconoce tu error, adquiere experiencia, discúlpate, enmienda lo que haya que arreglar, aprende para ser más poderoso la próxima vez.

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