No todo es por una buena razón ni tiene buen final

Si el Creador hubiera querido solo títeres, no hubiera creado a los humanos con la capacidad de elegir entre hacer el bien y el mal.
Pero Él quiso que nosotros pudiéramos elegir lo malo y hacerlo; no porque Su Voluntad fuera que anduviéramos por el mal camino, sino para que el bien que elegimos y hacemos fuera realmente bondad.
Porque, aquel que actúa movido por un impulso irracional para hacer el bien y no por decisiones, está haciendo cosas buenas pero no es bueno.
Aquel que irracionalmente actúa mal, está haciendo cosas malas, pero no es malo.
No podemos decir que el león o el tiburón son malos, simplemente hacen lo que están programados a hacer.
Pero cuando el ser humano elige hacer el mal, es absolutamente responsable por su decisión y por sus consecuencias.
Ese es el terrible precio por el inmenso regalo del libre albedrío:

«Llamo hoy por testigos contra vosotros a los cielos y a la tierra, de que he puesto delante de vosotros la vida y la muerte, la bendición y la maldición.
Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tus descendientes…»
(Devarim/Deuteronomio 30:19)

Ante esta verdad, queda como conclusión que es falso cuando te dicen que: “todo sucede por alguna buena razón” (ni tiene buen final).
Porque, si fuera el Eterno quien opera y nosotros somos solamente marionetas, entonces es absolutamente cierto, ya que Él no hace nada torpemente o sin razón.
Pero, cuando el hombre está liberado para escoger, y elige lo malo, entonces las consecuencias directas probablemente sean malas. Quizás haya algún beneficio residual o secundario, tal vez uno pueda rescatar alguna pequeña cosita del desastre, pero nada de esto convierte a lo malo en “para bien”.
¿Por qué?
Porque podemos elegir entre lo bueno y lo malo, Dios nos ha dado esa facultad. Entonces, ¿acaso el transformará las consecuencias negativas mágicamente en positivas?
Él mismo dice que no:

«La tierra estaba corrompida delante de Elohim; estaba llena la tierra de violencia.
Vio Elohim la tierra y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.
Elohim dijo a Noaj [Noé]: `Decidí el final de toda carne, porque la tierra está llena de violencia por culpa de ellos. He aquí que los destruiré de la tierra.»
(Bereshit/Génesis 6:11-13)

Claramente declara la Palabra del Eterno que la conducta del hombre había podrido la existencia en la tierra, que se había llenado de violencia.
Al punto que Él dejó que las consecuencias desastrosas acontecieran.
Dios NO dice en ningún lugar que la maldad de los hombres era para bien, que toda esa violencia resultaría en una mágica fórmula que produciría bienestar.
NO fue así, sino que lo malo engendró más maldad al punto que estaba en una situación irrecuperable.
Por tanto, no nos engañemos diciendo que todo sucede por alguna buena razón y finalmente saldrá algo bueno.
Porque las acciones de los hombres tienen consecuencias buenas y malas.
Que no podamos definir las últimas consecuencias y por tanto lo que hoy parece malo mañana parece bueno, no quita que lo malo es malo.

Diferente sería un universo programado y bajo el control directo de Dios.
O uno que fuera amoral, y que no existiera el bien y el mal, sino simplemente necesidades, eventos y efectos.
Pero, desde que el Creador introdujo la variable del libre albedrío, nos condenó a estar sometidos a lo bueno y a lo malo.
Y somos nosotros los que lo provocamos.

Podemos tratar de dar sentido y algún orden al sufrimiento, o sobreponernos a la injusticia considerando que todo, hasta eso finalmente será para bien.
Es algo genial tener ese optimismo, pero a no caer en ingenuidades que terminan transformando a la persona en necia. Porque así es como se justifican todo tipo de atropellos, se perdona erróneamente a los miserables que no modifican para bien su conducta, se reniega de Dios hablando en Su Nombre.

Tenemos que madurar y aceptar que somos eminentemente impotentes, y que no controlamos más que muy poquito.
Por más que lleguemos a Marte, tengamos bombas atómicas, o nos hayamos expandido por todo el globo terrestre, seguimos siendo imperfectos, débiles, sometidos a pasiones y consumidos por el EGO.
Podemos mentirnos y creer que controlamos a Dios con negocitos, que podemos pactar mágicamente con Él para hacerlo nuestro siervo a nuestro servicio.
Podemos mentirnos y excusar las penurias y miserias, haciendo de cuenta que es una obra de arte realizada con estiércol y vómitos.
Pero la verdad es muy triste: somos impotentes, por más chispazos de poder que mostremos.
En este mundo somos una sombra pasajera, una pluma al viento.

Dios no ha abusado de los niños sexualmente, ni se precisa eso para que de algún misterioso modo algo bueno se rescate.
Dios no quiere que haya violencia familiar, ni la excusa diciendo que algo bueno habrá finalmente.
Dios no tolera al borracho al volante que asesina inocentes y deja familias truncadas y vidas rotas, por más que algún genio místico afirme que es para bien.
Dios no aplaudió a Hitler, Mao, Stalin, Maduro y otros genocidas promoviendo la corrupción infernal con el razonamiento de que algo maravilloso se gesta cuando se pudre la semilla y nace el arbolito.
No amigo mío, cuando el hombre actúa mal no debemos buscar en Dios las respuestas, ni asumir que esa maldad es para bien.

Obviamente que rescatar puntos luminosos dentro de la oscuridad da esperanza y fuerza.
Por supuesto que el enfermo terminal que enseña preciosas lecciones de vida a quienes le continúan es espléndido.
Claro que no podemos sumar sufrimiento al dolor negándonos a descubrir algo bueno en el pozo del terror.
Pero no seamos tontos mágicos pretendiendo que Dios cambia mágicamente las decisiones de los hombres y transforma lo malo en algo bueno.

Tus elecciones pueden dañarte o lastimar a otros, por eso es tan importante que aprendas y aprendas a decidir bien.
Por esto es fundamental conocer del EGO y sus trampas, para que tengamos herramientas para no reaccionar irracionalmente ante el sentimiento de impotencia y por el contrario respondamos racionalmente construyendo el mejor SHALOM posible dadas las circunstancias.
Por esto es necesario llenar tu mente de lecciones de espiritualidad, para que comprendas como funciona el mundo y veas qué realmente está haciendo Dios por tu bienestar.
Porque Él no cambiará las cosas según tu deseo para acomodar las penurias y que sean buenas.
Por más que un cuento talmúdico muy conocido nos diga que por el sabio Ish Gam Zú Dios hizo milagros que modificaron la naturaleza. Es una narración única, muy interesante e importante, pero que no marca la tendencia general de las cuestiones.
En síntesis, lo malo es malo, lo bueno es bueno. De ambos se puede extraer el contrario, sin dudas a veces.

Entonces, cuando suceda lo malo, ver qué está en nuestro control cambiar para que no ocurra más.
Comprobar como mitigar el impacto negativo.
Aprender y enseñar a partir de este caso.
Y muy importante, preguntarnos: ¿qué nos enseña lo que ha pasado?
Porque, podemos aprender del sufrimiento, por supuesto que sí; pero mucho más agradable sería hacerlo sin padecer.
Dios no quiere el sufrimiento de la persona, ni siquiera del pecador. Entonces, no nos engañemos más declarando bueno aquello que es malo. Mejor seamos buenos a pesar de lo malo que nos sucede.

Además, no nos enfoquemos en nuestro padecimiento, sino mejor veamos cómo podemos ayudar generosamente a otra persona.
Te aseguro que esto es mucho más poderoso y efectivo que pretender santidad diciendo que todo tiene una buena razón para suceder.
Sé activo en la construcción de SHALOM, interna y externa, entonces no precisarás de la falsedad supersticiosa para sentirte menos poca cosa.
Que tu conducta sea la manifestación de Dios en este mundo, entonces estarás realmente haciendo algo bueno y con efectos que se extienden por toda la eternidad.

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