Creer algo es opcional… ¿sí?

Uno de estos recreativos terapeutas posmodernos, que no nombraré, escribió en algún lugar: “creer algo es opcional”.
Es un interesante concepto, suena muy poderoso, ya que promete dar a la persona el dominio por sobre sus creencias. Abre la puerta al supermercado de dogmas, en donde uno es capaz de elegir entre todos los productos para acomodarse y acomodar lo que uno cree a su parecer y/o conveniencia.
La cuestión es si es verdad lo que alegremente afirma esta amable persona.
Más allá de nuestro querer o gusto, el punto es cuánto de realizable y verificable es nuestro poder por sobre las creencias.

Entendemos que creencia es: “Idea o pensamiento que se asume como verdadero”, según nos informa el diccionario online. (Hagamos una breve distinción con la opinión, aunque a veces coinciden).
Notemos la cuestión clave aquí que es “se asume”, por tanto, no se sabe.
Se toma por un hecho, se da por sentado, se imagina o se siente o se opina, pero puede distar 180º de la verdad.
Aunque a la gente le guste creer que su creencia coincide con la verdad, y muchos están dispuestos a matar y morir por su fe, no es el grado de fanatismo ni el volumen del grito lo que hace verdadera a una cuestión.
El tema es que, la gente se suele aferrar a su creencia incluso aunque se le muestre y demuestre de que es errónea o falsa. Tiene más peso las emociones que las razones. Vale más a lo que uno se afilia que el mérito de ello. Entonces, es dudosamente posible que alguien vaya eligiendo graciosamente por la vida sus creencias.
No es algo opcional, sino algo cincelado en lo más profundo de nuestra irracionalidad y desde ahí opera.
No nos pide permiso, tampoco espera que lo escojamos, sencillamente actúa y nos limita la comprensión y amaestra la conducta.
Es un hábito mental, que como todo hábito vive en el subconsciente y reacciona a estímulos sin mediar la voluntad. Se ha incorporado a nuestra personalidad que forma una naturaleza aprendida, difícil de doblegar, como si viniéramos de fábrica con esto.

Por otro lado, no podemos ignorar que no existe en nuestra mente la creencia aislada que flota como una isla en medio de un océano ajeno.
Las creencias suelen formar parte de un Sistema de Creencias.
Para profundizar al respecto, copio aquí un texto de mi autoría ya publicado:

La creencia no se basa en la razón, ni en la lógica, no se ha masticado, sino que se ha tragado.
No ha pasado por el tamiz ni por el filtro, ni se ha decantado en un duro trabajo de creación.
Tampoco ha sido delineada por la fina precisión del entendimiento.
Simplemente surgió, fue implantada,porque viene de fuera en la mayoría de las ocasiones.
O tal vez nació de una colisión, impensada, no querida, cuando las sensaciones y la impotencia se tropezaron con fantasías y rastros de datos desperdigados por ahí.

Las creencias, con el sistema que forman posteriormente, se elaboran desde la zona de la emoción y no de la razón.
En todo caso, sus raíces están profundamente agarradas a las emociones más oscuras, aquellas que no tienen siquiera manera de ser descritas o puestas en palabras. Luego crecen y sus ramajes pueden alcanzar la zona racional, pero para hacer uso de ella, para convertirla en una esclava al servicio y con ello usarla para crear excusas y justificaciones.

Estamos diciendo que estamos encadenados a nuestro sistema de creencias.
Forman las paredes y barras de la celdita mental que nos retiene.
Lo que a veces se llama «zona de confort», es otra manera de ver un aspecto de lo que estamos tratando.

Creemos en esto y aquello y no paramos siquiera a analizar el origen de esa creencia, de ver cómo nos manipula, de encontrar el valor de su presencia.
Por estar atrapados y en oscuridad, somos doblemente esclavos.
Incapaces de realizar ninguna acción que nos libere y lleve a pensar en verdad, y no solamente repetir patrones de conducta y programas de códigos introducidos por el condicionamiento externo, por los lemas que se repiten, por los mandatos familiares y sociales.
Nos llenamos de similes a pensamientos, y los sostenemos como si nos fuera la vida en ello… y es que realmente eso sentimos. Porque están en la base de nuestro Yo Vivido, por tanto, forman parte de nuestra identidad.

Así vamos por la vida, prejuzgando, adoctrinando, confundidos y confundiendo.
Pero nos apoyamos en nuestras creencias y las dotamos de aire sagrado, las protegemos, las inscribimos como «derechos humanos», cuando en la verdad son un mecanismo perverso para estar en conflicto y en exilio de nosotros mismos.

Son estas creencias las que nos marcan las pautas de vida, todas o casi, depende si nos hemos tomado el trabajo serio y sincero de analizar las creencias, cuestionarlas, transformarlas en conocimiento para revelar hasta cuanto nos sirven y cuanto no.

Y llegados a este punto me parece necesario recordar que no estamos hablando de creencias en el sentido de las religiosas, porque éstas son un subconjunto más de lo que son las creencias.
Creencia es cuando «sabemos» que la vida es injusta, que la gente es mala, que tenemos mala suerte, que solo un dios nos salva, que es mi dios el que nos salva, que la gente de color es esto, que los judíos son aquello, que los latinoamericanos son eso otro, que Iphone es éxtasis, que los gays son enfermos, que el infierno es para los infieles, que ser infiel sin que se entere la esposa está bueno, que la plata no hace la felicidad, que…
Cosas muy personales y cosas tan alejadas de mi vida que no sé porqué se encuentra inserto en mi sistema de creencias.
Como le pasa a montón de antisemitas, odian a los judíos, repiten frases acerca de ellos, tienen una fe absoluta de lo que dicen de los judíos es cierto pero en su vida jamás se toparon con un judío, no estudiaron del tema, ni siquiera tienen mucha noción de qué es un judío… pero los odian de todo corazón.

No confundamos creencias con convicciones.
Cuando surge un pensamiento, puede provenir de la zona oscura o de una zona más luminosa, pero pasa por un proceso racional de evaluación, se lo  considera, se lo sopesa, se lo critica, se lo confronta con evidencias, se es algo muy firme pero pensado, es una convicción, no una creencia.
Aquí sí se ha masticado, una y otra vez, para convertir el alimento en nutriente y desechar aquello que no sirve.
Entonces el pensamiento se fortalece, de hecho, realmente se ha pensado y no solamente repetido lemas como supuestos pensamientos.

¿Recuerdas como hemos enseñado varias veces que es necesario des-aprender para poder aprender?
Bueno, aquí tienes un dato más acerca de aquello que es necesario des-aprender, si es que se pudiera decir que las creencias las hemos aprendido, o en realidad estamos subyugados por ellas.

¿Es posible que una convicción coincida con una creencia?
Podría serlo, pero dado el origen tan dispar de una y otra, quizás las probabilidades sean muy pequeñas.
Las creencias son esa parte oscura de nuestro ser, nacidas del EGO y por el EGO y para EGO.
Desde la impotencia para someternos y mantenernos en impotencia, aunque quizás con apariencia de ser más que vencedores.

¿Existen las creencias que pudieran ser luminosas?
Podría haberlas, pero sinceramente no se me presenta ninguna ahora a la memoria o a la imaginación como para presentártela.
De haberla, recordemos que también se gesta en la oscuridad y no en el entendimiento.

Volviendo al post actual, resulta al menos sospechosamente mágico el deseo de que “creer algo es opcional”.
¿Tú qué piensas?

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Se agradece y te recomiendo: https://serjudio.com/exclusivo/cterapia/sistema-de-creencias-y-sectas

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